Los rebrotes a lo largo del país cada vez son mayores y la cifra no hace sino crecer en los últimos días por todo el territorio nacional. Pese a encontrarnos en ‘la nueva normalidad’ como así le han querido denominar a esta fase, continuamos en mitad de una pandemia. Aunque muchas personas actúen como si la crisis del covid-19 fuese agua pasada y el virus ya no siga ahí fuera.
Para controlar una epidemia, tal y como indica la OMS (Organización Mundial de la Salud) para poder controlar el número de contagios, hay que saber donde está el virus. Y ahí es donde entra el papel vital de los rastreadores. Su función es ‘simple’ pero compleja y de una importancia enorme. Son los encargados de rastrear a las personas que han podido o han estado en contacto con un infectado o positivo por covid-19. Con ello, se consigue aislar a las personas del resto de ‘no infectados’ y cortar la transmisión del virus. Y es que, a mayor número de infectados, mayor número de transmisores y, a la larga, más nuevos contagiados.
Por todo ello, su importancia en esta gestión de la crisis sanitaria ‘post confinamiento’ se antoja de vital importancia. La recomendación de la OMS para el correcto control de la epidemia es de contar al menos con treinta rastreadores por cada cien mil habitantes. Respecto a esa estimación, La Rioja ,se queda por debajo pero cerca de la cifra indica, con 26,9. En cifras globales, la comunidad autónoma cuenta con 30 rastreadores a tiempo completo con capacidad de ampliación hasta los 85. Un buen número dados los 315.675 riojanos censados en la tierra del vino.
Esta cifra de rastreadores por 100.000 habitantes, tan solo la superan, en ámbito nacional, regiones como Canarias (236), Galicia (226), Asturias (195) y Andalucía (100). Ambas cuatro comunidades son ejemplo en la gestión de los rebrotes y de la transición vivida hasta esta ‘nueva normalidad’.
En el ámbito territorial más cercano, La Rioja marca la delantera respecto a sus vecinos. Tras la región, tan solo Castilla y León se queda cerca de las cifras riojanas con 12,8, por su parte Aragón (azotada terriblemente por los rebotres) tan solo al alcanza la cifra de 10,8. Por último, el País Vasco cuenta con solo 8,2 rastreadores y Navarra con 4,7.
Todo ello, se refrenda además con los datos cosechados en la región que, si bien, ojalá fuese menores llegando a ser cero, observados en el conjunto del país no son tan nefastos. Y es que en La Rioja se han registrado desde la entrada en vigor de la ‘nueva normalidad, 118 casos, siendo la inmensa mayoría de ellos asintomáticos. Por último, el dato R0 (que cifra el número de nuevos casos generados de cada contagiado) se sitúa, actualmente, en 0,64. O dicho de forma coloquial, un contagiado no genera un nuevo contagiado. Por lo que la incidencia en la región toma una tendencia negativa y a favor de la erradicación de nuevos casos en futuros días.
En todo esto, como hemos dicho, la labor de control y de rastreo de contactos cercanos a los nuevos contagiados, sumados a la gran concienciación de la población riojana en el uso de la mascarilla está permitiendo a La Rioja mantenerse alejada de sufrir un rebrote entre sus fronteras.


