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OPINIÓN. ¿Qué sería de Calahorra sin sus peñas? (Por David Gómez Garrido)

Rojo, verde, azul, rosa, negro y granate. Seis colores que inundan de alegría las calles de nuestra ciudad, durante al menos, semana y media al año.

Y es que Calahorra, nuestra querida ciudad, pasa de la noche a la mañana de ser una ciudad tranquila a convertirse en una vorágine de fiesta e ilusión. Una transformación casi inimaginable para los forasteros que conocen nuestra ciudad durante la otra gran parte del resto del año.

Nosotros, los calagurritanos, desde pequeños nos acostumbramos a vivir los días de nuestras fiestas como los días más mágicos del año. Con ese cosquilleo en el estómago la noche previa al cohete, esas ganas de salir de casa, tengas cinco, dieciocho o sesenta años, esas ganas de estar con todo el mundo; porque, realmente en eso consisten nuestras fiestas, en convivir y compartir momentos con vecinos y visitantes, de diferentes edades o pensamientos,  que durante el resto del año jamás pensarías que podrías tener.

Calahorra cuenta con un programa de fiestas que la convierte en una de las ciudades cumbres del norte de España en lo que a fiestas patronales se refiere.

Prueba de ello son la multitud de personas que vienen de fuera, en algún caso sin muchas esperanzas ni expectativas, invitadas por sus amigos calagurritanos que se van con la sonrisa en la cara sintomática de que volverán una y otra vez. Quien nos prueba, repite.

Tenemos unas fiestas que no somos capaces de poner en todo su valor, quizás porque las hemos vivido así desde críos y no nos sorprende, pero cuando salimos a otros municipios y cogemos perspectiva empezamos a valorar lo que tenemos.

Pero si no somos conscientes de las fiestas que tenemos, mucho menos de la ventaja de tener seis peñas que dinamizan las fiestas  y no nos dejan un segundo de respiro.

El programa oficial elaborado por el Ayuntamiento de Calahorra, año tras año, está plagado de actos de peñas. Concretamente en torno al 80% de los actos del programa están organizados por las peñas. ¿Alguien se ha parado a pensar que sería de nuestra ciudad sin las peñas? ¿O con unas peñas diferentes?

Para hacernos una idea, tomando Logroño como referencia, aún habiendo más peñas que aquí y con datos oficiales, la que más socios tiene en Logroño coincide con la que menos socios tiene en Calahorra. Y es que hay alguna peña que llega hasta los mil doscientos socios en nuestra ciudad. Actualmente hay cerca de cuatro mil peñistas en Calahorra y además la cifra no para de crecer.

Y es algo obvio y lógico que las peñas hayan pasado de ser el alma de las fiestas a convertirse también en el corazón, el pulmón, el hígado y el alma de las fiestas. Pero si hasta inventamos en Calahorra el zurracapote.

Las peñas, peñas son y sus peñistas se han convertido en una gran familia. Me aventuro a decir que casi una nueva forma de vida. Donde dos personas que no tenían contacto alguno durante su día a día normal, en cuanto se atavían al cuello su pañuelo y se enfundan su blusa a la cintura, se convierten en amigos inseparables. Algo tan sencillo y tan difícil de conseguir en muchas otras ocasiones.

Porque durante nuestra fiestas patronales, en honor a San Emeterio y San Celedonio, las peñas tiran la casa por la ventana. Hay más degustaciones que horas en el día, hay música sin parar hasta por zonas de la ciudad que algunos ni conocían, hay actividades constantes que ni sabíamos que nos gustaban. Pero sobre todo ¡el ambiente!, el ambiente que aportan las peñas es algo que no se puede describir con palabras. Es un ambiente que hay que vivirlo, un ambiente exclusivo de Calahorra que no verás en ningún otro sitio, por muchos lugares que recorras.

Por ello quiero darle las gracias a mi Peña Philips ‘mientras el cuerpo aguante’, gracias Peña El Sol, Gracias Peña Riojana,  gracias Peña La Moza, gracias Peña Calagurritana y gracias Peña El Hambre.

Gracias por hacer que tengamos las mejores fiestas del mundo

Gracias por el trabajo desinteresado

Gracias por las ganas

Gracias por la ilusión

Gracias por unirnos

En definitiva, Gracias por existir

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