Los fieros navarros llegaban con ganas esta mañana a Arnedo. Llevaban entrenando para este día desde hace tres años, con un bisiesto incluido. Los riojabajeños también habían entrenado lo suyo.
Todos querían a Los Santos. Los habían estado velando por la noche los riojanos; los habían estado mirando a los ojos los navarros. Los de Andosilla habían viajado hasta a la capital del calzado, madrugando más que los arnedanos por eso del viaje, para demostrarles a Cosme y a Damián su afecto. Y desde las seis de la mañana intentaron convencerlos o, si no, que les dieran la suficiente fortaleza y alas para poder robarlos, aunque fuera a la fuerza.

Lucharon unos y otros a golpe de prosa, lo hicieron a golpe de verso. Le cantaron jotas de aquí y de también allá; los portaron sobre sus hombros en procesión y velocidad solemne unos, a la carrera otros.
A ras de calle, desde lo alto de los edificios, en los balcones, en cada esquina, en cada rincón. Pantalla a pantalla, calle a calle se apostaba algún arnedano intentando impedir que los de Andosilla se llevaran a sus santos; incluso estirando y calentando las piernas por si las cosas se complicaban y había que correr.

Los riojanos se guardaban una carta en la manga y, como cualquier ayuda es poca cuando se trata de conservar a los patrones, los de Arnedo se habían traído, en esta ocasión, incluso refuerzos desde Calahorra. Andreu, sabiendo que los visitantes llegarían horas antes, se plantó en la localidad a las 5 para recibirlos, convencerlos y, en el momento necesario, ayudar y dar soporte a los riojanos en lo que fuera pertinente.
🥳¡Desde el alba hasta el robo de los santos! Celebramos las fiestas de #Arnedo, de Interés Turístico Nacional con las arnedanas y arnedanos, así como con nuestros vecinos de Andosilla ¡Felices fiestas!🎉 pic.twitter.com/kiZ3gErHI5
— Concha Andreu | #LaRioja ❤️🤍💚💛 (@ConchaAndreu) September 27, 2022
Carreras para aquí, carreras para allá. Los andolenses trataban de zafarse de la presión local; pero claro, gambetear con unas andas y dos Santos encima, que además quieren quedarse, es difícil. Muy difícil.
Al final, los riojanos volvieron a ganar y los de Andosilla, entristecidos, se fueron de la localidad conjurándose en que el año que viene volverían y se los llevaría. La última vez que así se despidieron tardaron tres años en volver.

Con un “autraño” y no más parecieron despedirse con cariño los de Arnedo mientras los de la Ribera del Ebro, por primera vez en la mañana, parecieron estar conformes y de acuerdo con ello.


