Actualidad Rioja Baja
Medio de comunicación para conocer lo que pasa en nuestra tierra

Ver, oir y callar. La crónica de la victoria de la UD Logroñés ante CA Osasuna B

La mañana plomiza, gris, era un ambiente raro sin aficiónados visitantes, sin color, ni calor en la grada. Tocaba ver de casual a la UD Logroñés quien osó ir. El club local no vendía entradas a la afición visitante, alguno tuvo que tirar de repertorio, de amistades Navarras. Ahí, desde esa grada de hormigón, me toco ver el partido en silencio, rodeado de ese jardín de infancia improvisado que pusieron los hijos de los futbolistas de la UD Logroñés. Cochecitos, balones, carritos de bebe, hasta uno llevaba la camiseta del equipo de Papá. Ellos no padecieron la censura.

La UDL de negro, un color que estiliza, da seriedad, da empaque a un equipo y aún más fuera de casa, sin esos aficionados a quien brindar un partido de fútbol.

El filial de CA Osasuna lo iba a poner difícil, qué vigardos, qué altura, qué planta de futbolistas. Empezaron apretando la meta de Miño, lo intentó y buscó Marcos Mendes. El partido fue físico, de balones divididos, con llegadas pero poca definición por uno y otro equipo; un partido donde el más listo, el que aproveche su oportunidad, se podía llevar los tres puntos. No hacía falta el balón, fútbol muy directo, balones colgados, balones al espacio de uno y otro equipo.

Los locales querían aprovechar esa corpulencia de sus jugadores; los visitantes vestían de negro, ese negro que estiliza, ese negro que da ese punto de seriedad. No regalaban nada. A su manera tenían el partido controlado, este equipo de Sergio Rodríguez sabe a que juega. Buscaba a Ñoño, a Rubén Martínez para abrir el campo. Olaetxea, desde esa posición liberada en punta, buscaba ese último pase. Los locales achicaban el campo y así se iba yendo el primer tiempo con dos equipos serios, físicos, que no concedian nada con ese fútbol tan norteño.

Ñoño puso el ‘uy’ a los de la tele y el asistente levantó la bandera. Fue la más clara para la UD Logroñés, la de negro, la seria.

0-0. Tocaba tiempo de descanso a ese despliegue físico. Las espadas estaban en todo lo alto, 45 minutos esperaban.

En el segundo tiempo la UD Logroñés buscó tener más el balón, busco principalmente a Ñoño al espacio quien tuvo dos buenas aproximaciones aunque no estuvo fino el de San Fernando a la hora de ejecutarlas. Corría el minuto 60. Barbero, de cabeza, tuvo la más clara para Osasuna B y ahí, en esa partida de ajedrez, acertó Sergio Rodríguez. Cambió el esquema, salió Rony por Ñoño, Andy pasó al centro de la defensa, Iago e Iñaki liberados, más largos. Este tipo de partidos se ganan así, con un movimiento, con una decisión, con Rony recogiendo en el segundo palo un pase de Andy. Gol de la UD Logroñés, minuto 76, gol de ese equipo serio, sólido, con equilibrio. Un gol no cantado por nadie en Tajonar, un gol cantado por todos detrás del televisor.

El partido no cambió, tocaba controlar el partido. Osasuna B no inquietaba, estaba con diez jugadores, Calvillo se fue a la caseta por doble amarilla. Esta vez sí se supo jugar esos minutos, se consiguió con físico, con orden táctico, con ese movimiento desde del banquillo llevado magistralmente por los jugadores.

Tocó ver ganar otra vez a la UD Logroñés, tocaba no oir a su afición, tocaba callar y rendirse al poder de ese equipo vestido de negro una mañana, plomiza y gris en Tajonar.

También podría gustarte