Tarde primaveral, más de 6.000 espectadores en las gradas y ambientazo en Las Gaunas para disfrutar de uno de los partidos más atractivos de la jornada en Primera RFEF.
Había ganas de fútbol, de emoción y de un duelo de los que se marcan en rojo en el calendario. Y lo hubo, aunque el desenlace terminó dejando un sabor bastante amargo en la parroquia riojana.
El Logroñés saltó al césped con alguna novedad en el once. La más esperada, la suplencia de Anai, que no había podido completar ningún entrenamiento durante la semana. Bolo y Cabetas formaron en el centro de la defensa, mientras Rivero se encargaba de llevar los mandos de la nave blanquirroja.
Los primeros compases fueron de mucha intensidad, bastante contacto y poco espacio para pensar. El Mirandés salió algo más enchufado y llevó la iniciativa durante los primeros veinte minutos, dejando mejores sensaciones y transmitiendo mayor peligro cerca del área rival.
Poco a poco, el Logroñés consiguió sacudirse el dominio visitante y empezó a asomarse por campo contrario. Dos saques de esquina consecutivos fueron el primer aviso de los locales, aunque sin consecuencias para la portería mirandesa.
El encuentro parecía bastante equilibrado cuando llegó el primer contratiempo para los riojanos. En el minuto 35, Santana tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión, dejando su sitio a Papa.
Pero todavía quedaba lo peor de la primera parte. En el tiempo añadido, Issman vio la tarjeta roja y dejó a su equipo con diez. Un golpe importante que cambiaba por completo el escenario de un partido que, hasta ese momento, no tenía un dominador demasiado claro.
Con esa expulsión se llegó al descanso, con mucho trabajo por delante para los de Unai Mendía.
Como era de esperar, el Mirandés salió de vestuarios dispuesto a aprovechar su superioridad numérica. Los visitantes dieron un paso adelante y comenzaron a mandar sobre el césped, mientras el Logroñés, tocado en su orgullo tras sufrir su cuarta expulsión en apenas diez partidos, intentaba no perderle la cara al encuentro pese a las circunstancias y a un arbitraje que tampoco estaba dejando demasiado satisfechos a los locales.
En el minuto 55 llegó el golpe. Córner botado por Ricky y Peru, que apareció para mandar el balón al fondo de la red y colocar el 0-1 en el marcador. Un gol que, visto el desarrollo del encuentro hasta la expulsión, resultaba lógico por lo que estaba sucediendo sobre el césped, aunque no terminaba de hacer justicia a lo visto durante buena parte del choque.
Unai Mendía movió el banquillo en el minuto 60 dando entrada a Anai y Zabala, buscando agitar un partido que empezaba a ponerse cuesta arriba. Morales dejó algún destello de calidad, pero el balón tenía dueño y vestía los colores del Mirandés.
El Logroñés lo intentaba más con el corazón que con las ideas. Le faltaba claridad, pero no ganas. Los riojanos se fueron volcando poco a poco sobre el área de Jesús, mientras el Mirandés, pese a jugar con uno más, parecía más preocupado por proteger su ventaja que por buscar el segundo tanto.
El tramo final se convirtió en una auténtica prueba de paciencia. Las pérdidas de tiempo visitantes fueron constantes y el reloj avanzaba demasiado rápido para los intereses blanquirrojos. Aun así, el Logroñés no bajó los brazos y siguió buscando una última oportunidad.
Y la tuvo. Incluso en el descuento, los riojanos dispusieron de una opción para rescatar al menos un punto y ponerle algo de picante a un final que parecía escrito.
Pero no pudo ser. El pitido final confirmó una derrota dolorosa, sobre todo por las formas. Porque hasta la expulsión el partido no tenía un dueño claro, y porque el Logroñés, aun jugando en inferioridad durante toda la segunda mitad, nunca dejó de competir ni de buscar sus opciones.
El Mirandés se llevó los tres puntos de Las Gaunas. Los riojanos, en cambio, se marcharon con la sensación de que el partido se les escapó por algo más que fútbol. Volver a disfrutar.






