Volvía el Logroñés a Ferrol, al escenario donde había intentado su último asalto al fútbol profesional.
Como viene siendo habitual, nadie consiguió adivinar el once de Unai. Taliby, Barandalla, Zabala, Pedre, Carlos y Papa eran las novedades respecto al equipo de la semana pasada. Media revolución.
Arrancó el encuentro con un respetuoso minuto de silencio en memoria de Jesús de Miguel, fallecido esta semana. Tras ese emotivo comienzo, el balón echó a rodar y el Logroñés no tardó en dejar claras sus intenciones.
En el minuto 2 llegó la primera gran oportunidad para los riojanos. Berto, completamente solo dentro del área, se entretuvo más de la cuenta cuando lo tenía todo a favor para adelantar a su equipo. Una ocasión de las que no se pueden dejar escapar.
El Logroñés había salido muy bien plantado, con mucha intensidad y mandando en la zona ancha del campo. El Racing de Ferrol no encontraba la manera de sentirse cómodo ante el buen trabajo visitante.
Llegados al minuto 10, el encuentro se convirtió en un partido de ida y vuelta, una dinámica bastante habitual cuando el Logroñés juega lejos de casa. Había ritmo, alternativas y espacios para correr.
Superado el primer cuarto de hora, las sensaciones seguían siendo muy positivas para los riojanos, que estaban firmando unos magníficos minutos, con personalidad, intensidad y una buena presión sobre la salida de balón del conjunto gallego.
En el minuto 30, el dominio del Logroñés era evidente, fruto de una presión asfixiante que dificultaba muchísimo la circulación del Ferrol. Eso sí, cuando los locales conseguían superar esa primera línea de presión, también encontraban espacios para acercarse con peligro.
En el 34 volvió a aparecer Berto, que tuvo una nueva oportunidad para poner por delante a los suyos. Esta vez se precipitó y optó por disparar de primeras, pero el balón se marchó por encima del larguero.
Y así se llegó al descanso, con un Logroñés que, a los puntos, fue superior.
El Logroñés movió el banquillo en el descanso. Chinedu y Miguelete saltaron al terreno de juego con la intención de aprovechar con más velocidad los espacios que los visitantes habían encontrado durante la primera mitad. Y el cambio de aire le sentó bien al conjunto riojano, que salió más mandón, con Asenjo llevando la batuta y buscando conectar con los hombres de arriba.
En el minuto 50, Marí tuvo que abandonar el terreno de juego por lesión y Val ocupó su lugar en el centro del campo.
El Logroñés, sin embargo, no perdió el hilo del partido. Miguelete comenzó a encontrar espacios y, tras una buena conducción, Morales probó fortuna con un disparo. Poco después, el propio Miguelete volvió a colarse en el área visitante y acabó derribado. Penalti. El extremo asumió la responsabilidad, no falló desde los once metros y adelantabas los riojanos. Un gol que hacía justicia a lo que se estaba viendo sobre el césped.
El Logroñés seguía mandando, aunque el Racing de Ferrol también tuvo su oportunidad para aguar la fiesta. En el minuto 60, Talibi se hizo enorme para salvar a su equipo con una gran intervención en un mano a mano ante Ropero.
El Logroñés encontraba caminos hacia el área rival y parecía tenerle tomada la medida al partido.
Pero el fútbol, ya se sabe, no siempre entiende de merecimientos. En el tramo final, el Racing de Ferrol apretó más con el corazón que con la cabeza y encontró premio a su insistencia. En el minuto 85, tras una acción en el área, el colegiado señaló penalti por un derribo de Miguelete sobre Eto’o. El propio delantero se encargó de ejecutarlo, engañó a Talibi y estableció el empate.
Con las tablas en el marcador, el Racing se volcó sobre el área blanquirroja buscando completar la remontada. Pero, señores, esto es el Logroñés. Y a este equipo parece que le van los finales de película.
Cuando el empate ya parecía definitivo y el descuento agonizaba, apareció Val, esta vez en funciones de delantero, para culminar un contraataque de libro y mandar el balón al fondo de la red en el último suspiro. Gol, victoria y explosión de alegría blanquirroja.
Una vez más, el Logroñés demostró que sabe sufrir, competir y golpear cuando más duele. Otra victoria lejos de casa, otro triunfo de un equipo que no baja los brazos y que sigue llevando el sello de Unai Mendía. Porque esto señores es el Logroñés.






