Un estudio analiza cómo el arte influyó en la ideología y el poder de Mussolini, Stalin, Hitler y Mao
La relación de Mussolini, Stalin, Hitler y Mao Zedong con el arte permite profundizar tanto en su psicología como en la interpretación de sus posiciones ideológicas y reformas políticas, según concluye una investigación doctoral defendida en la Universidad de La Rioja.
El trabajo, titulado ‘Arte e Sangue: analisi e approfondimento delle passioni artistiche che Mussolini, Stalin, Hitler e Mao’, ha sido realizado por el investigador italiano Francesco Bennardo y ha obtenido la calificación de sobresaliente.
La tesis se ha desarrollado en el Departamento de Ciencias Humanas, dentro del programa de Doctorado en Humanidades, y ha estado dirigida por Gonzalo Capellán de Miguel y Luis Fernández Torres.
El estudio parte de un elemento común en las biografías de los cuatro dirigentes del siglo XX: todos mostraron, en distintas etapas de su vida, una inclinación por el arte o la literatura. Mussolini escribió novelas y ensayos, Hitler se dedicó a la pintura y la arquitectura, mientras que Stalin y Mao cultivaron la poesía.
Según Bennardo, la historiografía ha tendido a ignorar o trivializar estas pasiones artísticas, así como las políticas culturales que desarrollaron tras alcanzar el poder, lo que ha limitado la comprensión de su acción política.
En el caso de Adolf Hitler, la investigación destaca que su megalomanía arquitectónica ayuda a explicar su política expansionista, ya que sus grandes proyectos artísticos requerían recursos que Alemania no poseía y que solo podían obtenerse mediante la expansión territorial.
Sobre Benito Mussolini, la tesis analiza sus escritos juveniles, marcados por el anticlericalismo y el socialismo, pero alejados del marxismo clásico. Bennardo subraya la influencia de pensadores como Nietzsche, Le Bon y Sorel en la construcción de una ideología personal que anticipa algunos rasgos fundamentales del fascismo.
El estudio señala que en sus primeras obras ya se aprecian elementos como el rechazo del humanismo, la exaltación de la violencia, el liderazgo carismático y el colonialismo, pese a su aparente vinculación inicial con el socialismo.
En cuanto a Josif Stalin, Bennardo examina los poemas escritos durante su adolescencia, de estilo clásico y ambientación georgiana. Estos textos reflejan, según el autor, más la figura de un patriota que la de un revolucionario marxista.
Esta visión ayuda a entender su posterior política cultural, caracterizada por el control estricto del arte y la imposición del realismo socialista a partir de la década de 1930, así como el rechazo tanto del arte burgués como de las vanguardias.
El análisis de Mao Zedong se aborda desde una perspectiva distinta. Bennardo destaca que Mao fue un poeta constante a lo largo de su vida adulta y que muchos historiadores lo consideran un auténtico poeta, no solo un político con inquietudes literarias.
Sus poemas, escritos entre 1925 y 1965, mantienen formas tradicionales chinas y un notable rigor formal. A partir de 1957, Mao impulsó su difusión como herramienta para reforzar su imagen pública y para transmitir sus ideas políticas de forma menos burocrática.
La tesis concluye que, en los cuatro casos, el arte no fue un elemento secundario, sino un factor relevante en la configuración de su pensamiento y en la forma de ejercer el poder, aportando nuevas claves para el análisis histórico y político del siglo XX.



