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La UR convierte zonas de la biblioteca, salas y el polideportivo en espacios docentes para asegurar la presencialidad al 100%

Hoy han comenzado las clases en la Universidad de La Rioja en un curso académico en el que la universidad riojana asegura a sus cerca de 4.500 estudiantes que la docencia se impartirá por completo de manera presencial.

La vicerrectora de Ordenación Académica y Profesorado de la Universidad de La Rioja (UR), Eva Sanz, se ha mostrado «muy satisfecha por haber logrado llegar en el mes de septiembre a garantizar el cien por cien de la presencialidad, manteniendo medidas de seguridad y logrando que la Universidad de La Rioja sea un entorno seguro» para todos los miembros de la comunidad.

Para ello, el centro de educación superior riojano ha tenido que adaptar todos sus espacios, convirtiendo partes de la biblioteca en aulas, así como las salas más emblemáticas del campus, como lo son la sala de grados y el aula magna, en aularios.

De igual manera se ha procedido con el Polideportivo Universitario, lugar en el que se impartirán algunas de las clases de los grupos más multitudinarios de magisterio de infantil y primaria. Este hecho ha generado ya algunas quejas.

Todo esto ha ocasionado que muchos estudiantes no pueden disponer, o no en este inicio del curso, de pupitres a la vieja usanza y deban tomar sus apuntes en sillas con mesas plegables.

La Universidad de La Rioja siempre ha destacado por su pequeño tamaño, lo que le confiere una serie de ventajas de las que no gozan otros centros universitarios.

Pero, a su vez un mal endémico de la Universidad de La Rioja ha sido siempre su falta de espacios que ahora, más que nunca, se ponen de manifiesto. Y eso a pesar de que en los últimos tiempos se realizaron importantes obras en el campus como la segunda fase del CCT.

Eva Sanz, vicerrectora de Ordenación Académica y Profesorado, ha destacado que todas las aulas disponen de medidores de CO2, algo que permite «regular mejor la ventilación de las aulas, así como itinerarios de entrada y salida».

Sobre los planes de contingencia, en el que el papel de los decanos ha sido fundamental y en el que se ha desarrollado un arduo y complejo trabajo, Sanz ha reconocido que la distancia interpersonal, tal y como permite la normativa de Salud, se ha tenido que reducir a metro y veinte. A pesar de ello, la vicerrectora ha recordado que se sigue con el protocolo del curso anterior, con la obligatoriedad del uso de la mascarilla, el lavado de manos con hidrogel y la ventilación en las aulas».

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