Regresaba la UD Logroñés al nuevo césped de Las Gaunas, ese que da gusto ver, ese en el que da gusto jugar pero que sólo ha vivido una victoria local, la del día de su estreno.
Y después, después llegó la travesía por un yermo camino plagado de derrotas y empates que habían llevado a los blanquirrojos a lograr sólo diez puntos de los últimos cincuenta y siete en juego.
Ánimos a la entrada, ánimos a las puertas, ánimos en los grupos de las diferentes peñas. En los de amigos. La victoria tenía que llegar hoy. Iba a llegar hoy. Creían, creíamos.
Sin embargo, no había hecho más que empezar el encuentro y Fran Sol ya buscaba cabecear un balón en el área.
Habían salido con mucho ímpetu los visitantes. Después fue Zarfiño el que provocó dos córners consecutivos. En el segundo de ellos, despejó Miño pero Moore la devolvió, Zarfiño la dejó en el área con un pase buscando a Fran Sola que no terminó de rematar.
Contestaba la UD Logroñés y aplacaba los ánimos tinerfeños. No veía puerta con claridad pero presentaba batalla, mostraba que estaba ahí. Incluso botada una falta Iñaki y Andy la cabeceaba, aunque demasiado cruzado.
Volvió a intentarlo Zarfiño a la media hora de juego pero Miño, muy atento, despejó el balón a córner.
Sin embargo, la última de la primera parte la protagonizó Andy con un tiro desde la frontal que se fue muy desviado.
En el inicio de la segunda parte de nuevo Zarfiño y Fran Sola se erigieron en sus protagonistas. Un centro raso del primero no pudo ser rematado por el jugador cedido por el Dinamo de Kiev.
Después se sumó Miño sacando una descomunal mano ante una volea, de nuevo, de Zarfiño.
Dio un paso adelante la UD Logroñés y Nano Mesa; emparejado continuamente con Moore, aquel lateral protagonista del encuentro de los plaoff de ascenso en La Planilla frente al Levante B; la buscaba una y otra vez. Sin embargo fue Iñaki, de nuevo Iñaki, el que en el minuto 60, con un potente disparo, rompía el balón y lo alojaba en el fondo de la red.
Volvía a cantarse gol en Las Gaunas y la esperanza por cantar también la victoria final se hacía más intensa, era incluso más palpable.
Para ello era necesario que no pasara nada y que sí pasaba, fuera poco, hasta la conclusión del partido. Y poco pasó.
Hasta el 89, cuando Joselu buscó un balón en el área que hizo pensar que el sueño era demasiado bonito para ser real. Pero si remate no encontró puerta. Manos a la cabeza de Joselu, manos al corazón de los aficionados blanquirrojos.
Y el árbitro pitó, ¡por fin pitó! y con ello, el sueño se hacía realidad. La UD Logroñés lo había logrado, la UD Logroñés volvía a sumar, tres meses después, de tres en tres.



