2 de febrero. La fecha estaba marcada en rojo en nuestros calendarios: desplazamiento a León. Esperado por muchos, León es una ciudad amable, muy atractiva. Su casco antiguo, la plaza de su Catedral, el húmedo, el romántico.
En torno a 400 aficionados blanquirrojos allí desembarcaron, esos que animan a su equipo durante los noventa y pico minutos que dura un partido de fútbol. Apasionados, educados con el contrario; esos que suman desplazamientos; esos, mi gente, el ejército del líder.
La tarea no era sencilla. El rival temible en lo deportivo, los Kawaya, Gudiño, Dioni.. nos esperaban para aguarnos la fiesta o, al menos, lo iban a intentar. Que lo consiguieran era caso a parte, docemil espectadores detrás, el Reino de León con sus mejores galas.
A las 17:30 todo era gris, hasta el cielo. Dos horas después, salió el sol para los de negro (la UD Logroñés vistió de ese color) el líder enseñó su pegada, su empaque, su solidaridad defensiva, su pragmatismo, sus credenciales. La UD Logroñes ganó, dio un golpe sobre la mesa. El líder es sólido, no va de farol.
El partido empezó como se esperaba, la Cultural buscó las bandas, embotellar al rival. En el minuto 4, Rodas no estuvo nada fino a ese centro de Dioni y el balón salía desviado con casi todo a favor. El fútbol son estados de ánimo; a veces simple, demasiado simple. La UD Logroñés agazapada, juntando sus líneas, férrea atrás alguna iba a tener. Andy aviso del peligro blanquirrojo aunque su cabezazo salió alto.
Después, Ñoño hizo una jugada marca de la casa, conduce, centra, Ander Vitoria controla en la frontal del área, dispara con el alma y gol. Tan sencillo como eso, tan complicado como eso. Una jugada de nueve, de ese que no perdona en su zona de influencia. Era el minuto 15, y el 0-1 subía al marcador.
Ese gol calmó el ímpetu local y la UD Logroñés controló el tempo del partido. Kawaya cambió de banda buscando más espacios pero se estrelló contra el entramado defensivo impuesto por Sergio Rodríguez. Luque buscaba llevar peligro moviéndose entre líneas mientras la solidaridad defensiva de la UD Logroñés se imponía. Andy, Sierra y Olaetxea llevaban la manija del partido.
La Cultural se estrellaba ante el equilibrio. La solidez del líder era evidente. La Cultural quizás estaba pagando su esfuerzo en Copa, no se le veía cómoda, no generaba, estaba maniatada. Ñoño disparó alto minuto 36. El equipo vencía y convencía en una gran primera parte del cuadro Logroñes.
Aira y la Cultural lo tenían claro, había que salir a morder desde el minuto 46. Sergio Benito al campo, otro nueve, otro delantero. Sonaron tambores de guerra, había que buscar hacer daño a la UD Logroñés.
De la Cultural fue el balón. Los centros laterales, los corners,ese fútbol con más corazón que cabeza. La Cultural buscó algo que no encontró, el gol. Por ganas no fue, ni por intensidad. En el fútbol, a veces no vale acumular gente arriba; en el fútbol, a veces el entramado defensivo, el orden táctico, gana partidos. Se comprobó.
El quiero y no puedo contra el que golpea sin piedad, ese que solo necesita una para ajusticiarte. Parece tan sencillo… tan sencillo como que el debutante «Zelu» encare a su par, lo desborde, coloque su centro al corazón del área, lo deje pasar Ander Vitoria (una asistencia sin tocar el balón) e Iñaki lo controle para soltar un zurdazo a la escuadra marcando un golazo. 0-2, minuto 87, partido sentenciado.
Aparentemente sencillo, complicado diria yo. El gol de Iñaki nos hizo olvidar casi todo. Y es que, Iago y Zabaco tuvieron que salir del campo lesionados, «Zelu» debutó en un campo que conoce bien, Sergio Rodríguez tuvo que cambiar su sistema sobre la marcha… La Cultural achucho mucho, pero se estrellaron contra un mucho blanco y rojo. Sintieron la pegada del líder por dos veces, sintieron en sus carnes la eficacia del líder, de ese líder que enmudecio al Reino de León.




