Así se ha reencontrado esta mañana la localidad de Quel con la tradición, una de las más antiguas de La Rioja. Una tradición que suma ya 546 años de historia, como rápidamente ha calculado el presidente del Gobierno de La Rioja, que ha corregido de manera ágil el error del párroco que se estrenaba en esta celebración.
La historia de esta tradicional Fiesta del Pan y Queso en Quel se remonta hasta la fecha del 6 de agosto de 1479. Tal y como la carta Fundacional describe; durante este año, el pueblo sufrió un brote de peste que atacó a gran parte de la población.
Creyendo que podría tratarse de un castigo divino debido a los pecados de sus habitantes, decidieron pedir perdón realizando una procesión. Ésta comenzaría desde la Iglesia Mayor hasta la ermita del Santo Cristo de Quel, bordeando la orilla del Cidacos y recorriendo todo el pueblo. Con ellos llevaron trece candelas o hachas, que representaban once santos, al Santo Cristo y la Virgen de la Antigua.
Según cuentan los escritos, las hachas fueron consumiéndose pero, aquellas que estaban consagradas a la Virgen y a Jesús, no lo hicieron. Este hecho, fue considerado como un milagro, además de que tras la procesión cesaron las muertes por peste. En agradecimiento a estos dos fenómenos, la población decidió fundar una cofradía, la hermanad y mantener la tradición por la que sacarían a la Virgen de la Antigua en procesión.
El final del recorrido culminaría con el almuerzo de pan, queso y vino en la ermita de la Santa Cruz, ofrecido por la misma cofradía y lanzado desde una balconada.
Hoy, de nuevo, esta tradición se ha honrado de nuevo. La mañana ha comenzado con una procesión que se ha subido; con la virgen de la antigua, cofrades, autoridades y fieles; a la ermita del Cristo de la Transfiguración.
Tras la procesión, la eucaristía y el sentido homenaje al cofrade que se ha jubilado y ha dejado a su hijo Eduardo Marzo su lugar; la celebración, de interés turístico nacional desde el año 2015, ha proseguido.
De nuevo, tras el tradicional y humilde almuerzo de los cofrades; un almuerzo con vino, azúcar, queso y pimiento; cientos de manos se alzaban en dirección al balcón de la ermita de la transfiguración desde donde el pan y el queso volvieron a volar haciendo honor a la tradición, una tradición que se remonta al siglo y que ni siquiera fue suspendido por la pandemia.
LAS IMÁGENES DE LA JORNADA



