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Frío en Las Gaunas

La UD Logroñés pierde ante la UE Cornellà

Rubén Enri enmudeció a Las Gaunas en el minuto 41 de la primera parte. Antes de ello, los riojanos habían cantado de alegría con un gol de Schutte, que anuló el trencilla, y se habían tirado de los pelos al grito de «uy» cuando Boniquet envió su disparo al palo en el 15.

Era el partido de regreso del central calagurritano Cristian Fernández que realizó un buen partido. Titi tornaba tras recuperarse de una lesión en su rodilla, un esguince que lo ha tenido en el dique seco durante varias jornadas.

Después del gol de la UE Cornellà, los logroñeses vieron cómo Boniquet volvía a intentar sorprender a Anacker antes del descanso. Pero lo hacía sin fortuna y con un estadio aún languideciente.

Fría comenzó la segunda parte en la grada. Y eso a pesar de que Schutte tuviera el empate en sus botas a dos minutos de la reanudación. Pero esto es Las Gaunas y creer y animar a los suyos son signos de identidad de esta afición.

Los hinchas volvieron a levantarse junto a los locales cuando Doncel buscó el gol en el 55; también en cada disputa y en cada balón robado y recuperado en cualquier parcela del verde.

Y también en cada parada del cancerbero Gonzalo, como la que el guardameta argentino realizó ante el disparo de Redru en el minuto 74. También en ellas. También con ellas.

Y por supuesto, cuando la presión riojana ahogaba al equipo de Cornellá que llegaba a pequeñas dosis y se entremezclaba con la desesperación que provocaba la falta de verticalidad de los de Logroño.

Así se llegó a los últimos cinco minutos, unos minutos en el que el invierno se volvía a adueñar de una grada que miraba al banquillo y recordaba aquellos gritos contra Mere con un nuevo protagonista.

Tras una racha de dos derrotas consecutivas; con más partidos en global perdidos, cuatro, que ganados, tres, y un empate; con los logroñeses fuera de playoff y por debajo de la zona media de la tabla (undécimas); parece que tampoco Aguilá es a día de hoy el deseado.

A la conclusión, el silencio que todo lo había dominado en este final del encuentro, se transformó en tímidos pitidos que la propia gelidez del ambiente incluso amortiguó.

Y después de ello, en silencio y con la cabeza agachada sin a penas cruzarse miradas, los fieles hinchas udelistas abandonaron el estadio volviendo a soñar con el regreso de tiempos mejores.

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