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Fabio Jiménez abre la puerta grande en Alfaro

Un lleno, a pesar del aspecto originado por la pandemia que deja ver demasiado cemento, en la plaza de la Molineta de Alfaro recibía la novillada con Fabio Jiménez y Nabil “El Moro” como protagonistas.

En el callejón no faltó el abuelo del novillero local, el alcalde alfareño Julian Jiménez Velilla, que durante todo el festejo estuvo acompañado por otro alcalde, el de Arnedo, Javier García.

Abrió la tarde “El Moro” y el primer sobresalto de la tarde se vivió en el quite de su primero. Rafaelillo, el sobresaliente, perdía la muleta en la cara del toro. Terminó el quite protagonizando otro susto tras caer en la cara del animal. Se levantó con mucha gallardía y acabó la suerte. El publico lo agradeció con palmas.

Estuvo correcto con la muleta Nabil “El Moro”, no tanto con la espada que tras varios pinchazos terminó con una estocada lateral y desprendida.

Llegó el turno del alfareño. El primero de su lote perdía las manos con extrema facilidad en los primeros compases de la lidia pero, tras pasar por la suerte de banderillas y acomodarse en la muleta, el novillo protagonizó un digno papel aunque sin mucho recorrido.

Entro ahí el temple del riojano, que vaya si lo tiene, y le sacó una buena faena. Pero la suerte no le acompañó con la espada y aunque el estoque entró la primera, no de manera óptima. Sacó la espada y volvió a intentarlo dejándose las orejas tras varios pinchazos.

Volvió Nabil “El Moro” al albero. Digno, limpio, pero alejado. Sin mayor historia llevó a su novillo hasta una nueva suerte suprema con más intentos que ofició.

Regresaba de nuevo el de Alfaro al ruedo. Rafaelillo, ahora sí, protagonizaba un buen quite, con el segundo del lote Fabio ante un novillo que humillaba demasiado y que, en varias ocasiones, clavó las astas en el coso. Fabio levantó la mano y el astado remontó enteros. Música, palmas y todo muy seguidito se iba metiendo el de Alfaro a la plaza en el bolsillo. Uno, dos, tres, cuatro, hasta cinco pases y olé. Bien Fabio, bien. Y de nuevo despedía y plantaba a su enemigo mirando al tendido.

Y llegó el colofón aunque de nuevo la espada no le hizo justicia. A pesar de ello, el presidente lo obsequió con una segunda oreja que le abría la puerta grande a él y al novillo que fue despedido con una fuerte ovación.

Su cuadrilla; la de su pueblo, sus amigos de toda la vida; se lanzó a la arena y sacaron al diestro de la plaza por la puerta grande de La Molineta.

Imágenes. ActualidadRiojaBaja y Kiko Boncanelli

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