Esta noche Rozalén pasará por el festival riojano Muwi. Será el regreso de la manchega a tierras riojanas tras su especial paso por Viniegra o tras sus pasos, varios ya, por Riojaforum, desde donde comenzó a embelesar y enamorar a la región.
Aquel primer directo riojano fue un concierto primoroso que sorprendió a buena parte del auditorio al descubrir cómo aquellas canciones preciosas y comprometidas de sus álbumes podían ponerse en escena de una manera tan dinámica, tan especial, tan… TAN ARTISTA.
Por eso hoy hemos querido elegir una canción de esta cantautora para guardarla en un rinconcito especial de «El sitio de mi recreo», nuestra sección musical que toma el nombre de una de las grandes canciones de la música española.
Podíamos haber elegido cualquiera de las canciones interpretadas por esta gran artista, pero hemos optado por lo más fácil, elegir «Lo tengo claro», el single de su último disco, «El abrazo».
La canción, publicada el 24 de noviembre de 2023, fue la carta de presentación, el adelanto, de su último trabajo, un álbum que está tejido con experiencias de “abrazos y duelos”, reflejo de los últimos años que la han empujado a aferrarse “a lo simple y lo vital”, explicaba la propia artista.
La canción es un canto al amor puro y sano alejado del romanticismo convencional. Amor maduro y consciente, donde la presencia del ser amado se convierte en un hogar, un refugio emocional. Un homenaje al amor desde la ternura y la autenticidad, sin artificios.
En “Lo tengo claro”, Rozalén abre su vulnerabilidad al expresar que para ella hablar de amor y decir “te quiero” era un tabú. La canción simboliza su decisión de exteriorizar ese sentimiento desde la sencillez y la ternura.
Musicalmente, el tema se nutre del ritmo alegre y cadencioso de la champeta colombiana. Rozalén define la canción como “amable, rítmica y luminosa”, un reflejo sonoro de esa conexión emocional que describe.
La letra está cargada de imágenes sencillas y poderosas: un “suelo desnudo de madera”, un “pañuelo viejo en la ribera del río”, un abrazo que necesita protección, y la metáfora del amor como un árbol que crece lento y firme. Son símbolos que transmiten intimidad, refugio y autenticidad.
Destacan versos como: “Me quedé enredada en tus pestañas cuando abanicaron suave de cerca mi cara.” o “Riego un amor que crece lento. Lo tengo tan claro, te abriré mi pecho”.




