En ActualidadRiojaBaja hoy hemos querido destacar dentro de nuestra sección musical «El sitio de mi recreo» la canción «Creer que se puede creer» de Bunbury
Esta canción que habla de la fe, no desde necesariamente desde el punto religioso, y de esos deseos y sueños, como metas, que intentar alcanzar, más o menos complicadas, que impulsan nuestras luchas diarias.
La canción “Creer que se puede creer” de Bunbury es una de las piezas más introspectivas y filosóficas del zaragozano Enrique Ortiz de Landazuri Izarduy. Fue publicada como adelanto del nuevo disco del artista («De un siglo anterior»)
Bunbury lanza “De un siglo anterior”, un álbum que explora la latinidad y el paso del tiempo
Enrique Bunbury plantea en ella una reflexión sobre la búsqueda de sentido a la vida y propósito en un contexto marcado por la incertidumbre. Lejos de fórmulas comerciales, el artista aragonés construye aquí un relato emocional cargado de simbolismo, donde la fe —no necesariamente religiosa— se convierte en eje central de una reflexión sobre la duda, la identidad y la necesidad de encontrar sentido.
A través de un enfoque introspectivo, el artista aborda el papel de los sueños y su influencia en la construcción del propósito personal.
El tema sitúa desde el inicio una mirada hacia el paso del tiempo y la tensión entre realidad y aspiraciones. En este marco, los sueños aparecen como un motor que impulsa la acción y permite afrontar un entorno cambiante.
El título y el estribillo, «Creer que se puede creer», son el núcleo de la canción. No habla de una fe religiosa, sino de una meta-creencia.
La duda es la base. Bunbury no afirma que «cree» en algo concreto, sino que defiende la posibilidad de tener fe. Es una postura humilde ante la incertidumbre de la vida. Pero en un mundo cínico, el acto más revolucionario es decidir que todavía hay algo en lo que vale la pena confiar.
El lenguaje utilizado recurre a imágenes simbólicas, como el “velo transparente de la gravedad”, para aludir a las limitaciones invisibles que condicionan la percepción. Estas metáforas refuerzan la idea de una realidad compleja que requiere ser interpretada más allá de lo evidente, una realidad física que nos limita pero que, a la vez, deja entrever que hay «algo más» (metafísica).
La letra también refleja una sensación de desarraigo e identidad flexible, al describir la capacidad de no pertenecer a un lugar concreto y, al mismo tiempo, adaptarse a distintos entornos. Este planteamiento conecta con una visión abierta de la experiencia vital.
Uno de los ejes del tema es la importancia del aprendizaje frente al error. La idea de que el fracaso se produce únicamente cuando no se extraen lecciones subraya el valor de la resiliencia y la evolución personal. El fracaso no es perder o «estrellarse», sino pasar por la vida sin aprender nada. Es una visión puramente evolutiva de la existencia humana.
El Concepto del Tiempo y la Eternidad también son esenciales en la pieza. La canción juega con escalas temporales contrastantes «¿Qué es una noche a los ojos de la eternidad?», le resta peso al drama cotidiano.
La canción es un himno a la resiliencia intelectual. Bunbury nos dice que, aunque no tengamos todas las respuestas (y probablemente nunca las tendremos), el simple hecho de mantener la curiosidad y la capacidad de creer es lo que nos mantiene en movimiento. Es una aceptación elegante de la ignorancia humana convertida en fuerza motriz.




