POR JM ROJAS.- El Logroñés sumó en Zamora su segunda victoria de la temporada, la primera lejos de Las Gaunas, en un partido en el que Unai volvió a hacer de su equipo un conjunto reconocible, sólido y competitivo. El técnico apenas introdujo un cambio respecto al once del pasado domingo, con la entrada de Zabala en lugar de Asenjo, y el equipo riojano respondió con una actuación basada en el oficio y la capacidad para sufrir cuando fue necesario.

El Logroñés salió con las ideas claras. Una presión alta que incomodó al Zamora durante buena parte de la primera mitad permitió a los visitantes robar cerca del área rival y buscar rápidamente las bandas, donde Anai y Santana se convirtieron en dos de los principales argumentos ofensivos.
El partido se mantuvo igualado, aunque las mejores aproximaciones llevaron color riojano. Santana, Baselga y Latiff dispusieron de oportunidades para adelantar al Logroñés, pero el gol se resistió hasta el minuto 42. Fue entonces cuando Morales condujo en la frontal del área y, con precisión, buscó el palo del guardameta zamorano para poner el 0-1 en el marcador.
Antes, además, el Logroñés había sufrido un contratiempo con la lesión de Mari, que tuvo que abandonar el terreno de juego a mitad de la primera parte para dejar su sitio a Maroto.
El Zamora, sin embargo, no estaba dispuesto a marcharse al descanso por detrás. En el descuento, un error defensivo permitió a Indias plantarse con ventaja y fusilar a Fermín para establecer el empate. Y todavía hubo tiempo para una última ocasión visitante: Anai estrelló el balón contra el palo en una acción que pudo haber devuelto la ventaja al Logroñés antes del descanso.
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió. El Zamora salió más decidido, más mandón y dispuesto a hacerse con el control del encuentro. Carlos Ramos, al volante, asumió protagonismo y con un guante en sus botas generó peligro de distintas maneras: con centros laterales, acciones a balón parado y también probando fortuna desde la media distancia.
El Logroñés comenzó a sufrir. El conjunto local encerró a los riojanos durante muchos minutos y el equipo de Unai tenía dificultades para conservar el balón y salir de la presión.

Fue entonces cuando volvió a aparecer la mano del técnico. Como ya sucediera la jornada anterior, Unai Mendia recurrió al triple cambio para aportar oxígeno, piernas frescas e ideas nuevas al equipo. Y la apuesta volvió a tener recompensa.
Uno de los recién incorporados, Barandalla, puso un balón medido al segundo palo. Allí apareció Santana, el más listo de la clase, para anticiparse a la defensa y cabecear el balón al fondo de la red. Era el 1-2.
El Zamora buscó la reacción hasta el final, mientras el Logroñés tiraba de oficio para proteger una ventaja que ya sabía a victoria. Asenjo tuvo incluso la oportunidad de sentenciar en un mano a mano, pero no acertó a cerrar el partido.
No hizo falta. El conjunto riojano supo sufrir, defenderse y aguantar hasta el pitido final para llevarse de Zamora tres puntos de enorme valor.
El Logroñés vuelve a ganar. Y, más importante todavía, vuelve a reconocerse.





