UD Logroñés y Rayo Vallecano. Dos vidas distintas, dos equipos de fútbol desiguales, dos objetivos diferentes. Unos buscando ese playoff de ascenso, antesala a otro fútbol, el de la primera división; palabras mayores. Otros luchando por aferrarse a esto del fútbol profesional; un recién llegado a estos lares, un proyecto por afianzar; esperanza, deseo para un equipo de nuevo cuño.
Bajo la misma firma deportiva en la camiseta con el blanco rojo como protagonista. Uno contra otro en un partido de fútbol con el mismo objetivo: ganar y seguir aferrados a la lucha diaria de cada uno. Noventa minutos por delante en esa hora del vermú torero, en la de la paella familiar del domingo, de ese domingo que, como en el fútbol, cada uno decide como vivir.
Salió la UD Logroñés contestona, con Paulino poniendo el «uy» en nuestras gargantas al minuto y medio de empezar la contienda. Por su parte, el Rayo Vallecano ponía la pausa, el juego lento, la posesión estéril ante una UD Logroñés con ganas y encanallando la contienda en contras con poco éxito de cara a puerta.

Frente a frente, dos conceptos diferentes, dos objetivos finales bien distintos, pero compartiendo en esta tarde del domingo el mismo objetivo: poder marcar un gol más que el rival.
En partidos cerrados como el de ayer, es importante no conceder en las áreas, unas áreas difíciles de encontrar en partidos especialmente cerrados donde el riesgo que se asume es mínimo.

El partido no tenía dueño. Transcurrían los minutos y los dos equipos estaban cómodos, cada uno con sus armas y recursos. Entonces Nano Mesa gozó de la ocasión más clara del partido. Sin necesidad de mucha elaboración, ni toque, ni posesión, pero sí con ganas de disputar un balón en línea de tres cuartos, levantar la cabeza y disparar a puerta. Raso, seco, duro. La paró el portero, pero ese arañazo asusta. Era el minuto cuarenta y uno y de ahí al final del primer tiempo no pasó nada.

Hora de comer o de pedir otra caña a las 14:53 de un domingo de primavera en Logroño: bienvenidos al fútbol moderno.
El segundo tiempo nos enseñó un nuevo partido con una UD Logroñés más compacta, más cerrada, dejando la batuta al Rayo Vallecano y buscando aprovechar algún balón al espacio. Nano Mesa la tuvo en el minuto cincuenta y cinco que hizo todo bien menos definir. Lástima.
Se alcanzaba la hora de partido cuando Dani Pacheco dejo su sitio a Petcoff. Músculo y brega por talento cuando el partido estaba en ese momento de que el que tenga una se lo lleva y el Rayo la buscaba de falta directa. Bebé lanzó alto, muy alto. Santamaría no sufría. No correr riesgos era fundamental.

Sergio Rodríguez movía el banquillo de nuevo y retiraba a un Iñaki tocado y a Unai Medina. En su lugar entraban Clemente y Andoni cuando quedaban diecisiete minutos para terminar un partido que vivía pendiente de un chispazo.
La UD Logroñés estaba cómoda achicando los espacios mientras el Rayo Vallecano tocaba, buscaba con un ritmo bajo sabiendo que sólo necesitaría una. Una puerta atrás, una llegada de Mario Suárez y el balón se iba por alto. Respiraba la defensa, respiraba Santamaría.
El tiempo corría y ya sólo quedaban quince minutos para finalizar un partido de fútbol en el que, a estás altura de la competición, sumar es un alivio.
Nano Mesa era el último cambio. En su lugar entraba David González al campo. Había que presionar desde la primera línea. Se llegaba al minuto ochenta y cuatro con empate a cero y sin pasar muchas cosas que podían pasar.
Fue entonces cuando el Rayo dispuso de una muy clara. Era Mario Suárez el que disparaba a bocajarro sobre Santamaría que, bien colocado, para y evita el triunfo de su exequipo. ¿la venganza del ex?

A veces es un jugador el que se venga de su ex equipo con ese gol que llega casi cuando el partido está acabado; otras es un portero, quien con sus manos y colocación, evitan un gol in extremis para poner un rayo de esperanza a eso tan complicado llamado salvación. UD Logroñés cero, Rayo Vallecano cero y a seguir soñando.




