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CRÓNICA: Un Logroñés-Cartagena, agua (Por Ángel Sedano)

Era el partido. El día para vestir de gala, un partido de esos a vida y muerte, ese tren que no espera. No había ninguna excusa, lo tenía todo; bueno, casi todo porque el resbalón fue tremendo. La UD Logroñés, la timorata y plomiza UD Logroñés a escena, agua.

Un partido mal jugado, mal encarado desde el primer minuto de partido sin asumir ningún riesgo, sin elaborar y jugando siempre a merced de lo que proponía el rival. El Cartagena, un equipo que sabía lo que se jugaba, que busco el fútbol directo y, que, sin ser un cúmulo de virtudes, se llevó el partido, ese partido que les da vida y esperanza para los seis partidos que quedan por disputar.

El primer tiempo fue eso; soporífero, sin ritmo, con posesión estéril y en el que hasta el minuto cuarenta y cuatro no pasó nada. Tan sólo que Rubén Castro perdonó una ocasión clarísima en el área pequeña y que sirvió para llegar con cero a cero al descanso.

El Cartagena propuso desde el pitido inicial en este segundo tiempo. De nuevo era Rubén Castro el que llevaba el peligro y su disparo, a los cuarenta y cinco segundos de la reanudación, fue el preludio de lo que se venía encima.

El Cartagena buscaba la portería contraria, Forniés no acertó en una jugada de estrategia y su disparo se marchaba desviado en el minuto cuarenta y ocho.

El partido estaba en ese momento óptimo para los que vestían de dorado, porque el Cartagena no vistió de blanco y negro sino de dorado, y lo que fue negro, negrísimo, fue ese centro desde el perfil derecho que, sin peligro aparente, golpeaba en la mano de Bobadilla. Penalti de VAR, penalti injustificado tan desafortunado y tonto, como claro. Era el minuto sesenta.

Elady se gustó, tomó con parsimonia la carrerilla y engañó a Santamaría. Y marcó, marcó gol y puso el cero a uno en el minuto sesenta. agua.

Había discurrido una hora de partido y seguíamos sin noticias de una tibia UD Logroñés, como si la cosa no fue con ella. Tocaba zafarrancho, un arreón de mando. Había que proponer otra cosa.

Cambios. Pacheco y Petcoff al campo por Unai Medina y Sierra. Y más cambios, Leonardo Ruiz al campo por Olaetxea. El reloj corría, minuto setenta y tres, y las urgencias salían a la palestra con mucho corazón y poca cabeza, eso sí.

No pasaba gran cosa y Marc Martínez vivía feliz y tranquilo mientras que, por parte de la UD Logroñés, lo que ocurría era que Sergio Rodríguez y Olaetxea eran expulsados por protestar mientras nada pasaba dentro del terreno de juego, todo pasaba fuera de él.

El reloj corría, pasaban los minutos. Cuando quedaban cinco para el final, Paulino disparó desde fuera del área, pero el balón se perdía rozando el palo izquierdo de Marc Martínez.

La UD Logroñés agotó sus cambios y puso a Siddiki y David González en el campo.

Quedaban dos minutos para terminar el partido y había que quemar las naves, aunque las opciones de empatar se extinguieron con un remate de Iago que paró Marc Martínez y rebotó en el larguero. El día De, la hora H, AGUA

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