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CRÓNICA: Efectividad al poder (El UD Logroñés- AD Alcorcón por Ángel Sedano)

Lunes dos de noviembre en esa hora tan canalla para un lunes: las cuatro de la tarde. Esa hora y este futbol profesional tienen estas cosas, hora de siesta para unos,hora de un gin tonic para otros. Elegantes estos últimos, que da igual el día, pero que no faltan a la cita con tener esa bebida en su mano y en su mesa cuando juega su equipo.

Vivimos en este tiempo de pandemia y hace mucho que nosotros y nosotras no habitamos las gradas de Las Gaunas. Además, este partido a esa hora en una ciudad confinada hace que cada uno tengamos una historia detrás sobre dónde y cómo vimos el partido.

Me puedo imaginar a  cada uno en nuestra soledad, sin amigos y amigas con quién celebrar la segunda victoria seguirá de nuestra UD Logroñes. A algunos o algunas en su fábrica, en la cadena de producción, ni la radio les alegró esa tarde; otros u otras , quizás repartiendo su mercancía; otros u otras en su carretilla, cúter en el bolsillo, cargando camiones que irán a Sevilla, Berlín o Marsella y otros u otras en ese ordenador en la oficina, con una ventana que mostraba cuando podían hacer doble click y ver a su equipo volver a ganar en Las Gaunas.

Y yo, posición tomada en el sofá, libreta para coger apuntes a un lado y mi hermano, Juan Carlos, futbolero pero muy poco amigo de nuestro equipo y que sólo se fijaba en lo mal que estaba el campo, al otro. Neska a mis pies y mi hermano Iñaki, nada futbolero, en la siesta mientras que mi madre, comenzaba la tarde desplazada junto  a su «Salvame» que  a esa hora es una prioridad,

El partido había comenzado sosote, feote, con pases en horizontal, con ritmo lento sin ninguna llegada al área. Unos primeros minutos de estudio del rival ,sin hostilidades en ninguna portería, mientras corría el tiempo e Iñaki, mi hermano, dormía mientras que Iñaki, el futbolista, corría la banda, pedía el balón y ponía sus centros laterales que eran todo un peligro para una AD Alcorcón que se defendía sin problema alguno y respondía saliendo a la contra intentando inquietar la meta de Santamaría Y en el minuto veinticinco Sosa remató de cabeza, dos minutos después otra vez Sosa y Arribas lo intentaron por partida doble aunque sin causar problema alguno para el entonado Santamaría, el jugador más destacado de la UD Logroñes en estos veintesiete minutos de juego anodino,sosote y cansino.

La UD Logroñés quería pero no podía. Su juego en tres cuartos para adelante era lento, con poca definición por parte de sus extremos. Bogusz se movía entre líneas, Leo Ruiz intentaba habilitar un hueco en esa defensa férrea del Alcorcón. El tiempo pasaba sin noticias de la portería contraria y con muy poco bagaje ofensivo por parte local.

Bogusz sacó un córner al corazón del área pequeña, Leo Ruiz intentó el remate al que no llegó por poco y el balón se paseó por el área pequeña aunque ninguna pierna riojana lo alcanzó. Era el minuto treinta y ocho, la ocasión más clara y el primer «Uy» en nuestra garganta.

Iñaki, mi hermano, dormía. Incluso Juan Carlos, mi hermano futbolero enamorado de otras rayas blancas y rojas, dormía. Neska a mis pies.

Minuto cuarentena y Bogusz coge el balón en línea de tres cuartos, lo conduce, metecon un pase al hueco el balón en el corazón del área y Leo Ruiz, al desmarque, controla y cruza el esférico al palo largo. GOOOOL. Era el uno cero, gol en el único disparo entre los tres palos de la UD Logroñés. GOOOOOL e Iñaki esbozó un «gilipollas», un punto «fútbol»; Neska, asustada, mi observaba a mi lado; Juan Carlos, que jamás lo dirá, pero ese gol no le gusta nada.

La efectividad al poder. Un disparo, un gol. La esencia del fútbol elevada a la máxima potencia. Da igual el cómo, pero los del gin-tonic, los de la fábrica, los del ordenador vían una sonrisa dibujada en un rostro porque su equipo iba ganando y ya no había siesta que echar de menos.

Bellvis protagonizó un disparo raso y seco que Santamaría dando paso  al descanso. Turno para los grupos de» wasap», turno para hablar con los que solemos habitar la grada de Las Gaunas. Cosas de este tiempo de pandemia y confinamiento, que, por lo menos, no nos lo puede quitar este maldito virus.

La segunda parte trajo los mismos protagonistas. Sosa intentó batir a Santamaría en un disparo flojito de falta directa en el minuto cuarenta y ocho. Y tras ello, muchas faltas, poco ritmo, poco futbol por parte de cada equipo. Lo mejor es que el cronómetro corría, nada pasaba y la UD Logroñés se estaba imponiendo a su rival. De esto se trata el fútbol, sólo de esto: emoción, pasión y un gol más.

Minuto sesenta y uno y Gorostidi vio tarjeta roja por una entrada fea y brusca. El Alcorcón se quedaba con uno menos y el partido se ponía más de cara, o eso parecía.

Sergio Rodríguez cambió a Bogusz por David González «Roni». El partido no estaba como todos queríamos, no teníamos el balón, no había equilibrio. El equipo estaba partido y el Alcorcón intentaba ir a por el empate con corazón; pero con poco fútbol y con casi ningún disparo a puerta. Sólo eran sensaciones, sólo eso.

Paulino entró por Rubén Martínez en el minuto setenta y nada cambiaba aparentemente. Se dejaba el balón a un lado, no se miraba la puerta rival, no se notaba que se jugaba con uno más, la efectividad al poder.

El jugar con fuego también duro sólo hasta el minuto setenta y siete. Entonces Sergio Rodríguez metió a Boadilla y Damián Petcoff al campo en substitución de Leo Ruiz y Zelu. Se cambió la manera de jugar, se tuvo el balón, se paró en seco esa medio revuelta del Alcorcón. La UD Logroñés buscó ese equilibrio, ese dejar de jugar con fuego e imponerse desde la posesión del balón con cero concesiones.

Así se llegó hasta el final del partido con Olaetxea internándose en el área y el balón paseándose por el área pequeña. Nadie llegó al remate y daba igual. La efectividad al poder. Un disparo a puerta, un gol, dos victorias seguidas y sufrimiento, mucho sufrimiento. Pero es que nadie dijo que este camino iba a ser fácil.

 

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