«Desesperado». Supongo que es la palabra que uno encuentra cuando el árbitro pita el final del partido y toca palmar. Palmar otra vez. Desesperados con los datos, ocho puntos posibles de los últimos cuarenta y ocho en juego.
Otra vez la misma condena. Minuto cuarenta y tres y de nuevo un córner mal concedido por la UD Logroñés y peor defendido. Dos remates de cabeza en el área pequeña lo dicen todo. Y así llegó el gol de cabeza de Rahmani ante un Miño vendido. 0-1 y fin del cuento. Ahí, en ese minuto, el Málaga dinamitó a una inoperante UD Logroñés, a un equipo en retroceso futbolístico.
Ese fatídico minuto al borde del descanso fue un jarro de agua fría, un dejà vu de carencias, un «más de lo mismo» otra vez. De nuevo la maldita falta de contundencia en las áreas condena y castiga a un equipo de brazos caídos y moral por los suelos.
Daba igual que mucho antes, en el minuto seis, una contra bien llevada por Rubén Martínez, Nano Mesa y un remate de Paulino hubieran podido acabar en gol. Daba igual que Soriano hubiera tenido que emplearse a fondo para sacar con el pie, en última instancia, la clara ocasión blanquirroja porque no hubo más. Aquella fue la única ocasión clara de un equipo desesperado en sensaciones, con el objetivo de sumar de tres en tres, en su calvario de cada domingo.
En un segundo tiempo, el Málaga; con la lección muy bien aprendida, las líneas juntas, intensidad defensiva, achicando espacios y contras furgurantes; se llevaba el partido de calle. No había rival.
Cada contra era peligro constante sobre la meta de un Rubén Miño que volvía a la portería. El portero del ascenso nada podía hacer más allá de desesperarse.
Caye Quintana y Luis Muñoz se erigieron en protagonistas de un gol anulado a estancias del asistente y la línea del VAR. Ese mismo VAR, el propio Luis Muñoz, el larguero y un milímetro de balón en la línea de cal salvaban a la UD Logroñés y a unos aficionaos atónitos y desesperados con su equipo de un resultado aún más amplio.
Sergio Rodríguez utilizaba paulatinamente las ventanas de los cambios. Metía a Bobadilla por Clemente en el descanso, a Leo Ruiz por Olaetxea en el minuto cincuenta y cuatro, en el minuto sesenta y tres a Siddiki y Sierra por Petcoff y Rubén Martínez y a Ander Vítoria por Paulino en el minuto setenta y cinco. Poco a poco todos se iban uniendo a ese partido desesperante, a ese duelo sin lucidez y juego por parte del equipo local.
Y es que el equipo riojano juega a otro ritmo que el rival, propone muy poco y genera aún menos. De nuevo la UD Logroñés dejaba las ocasiones, la intensidad y los goles ‘para otro día’ porque en este domingo, al borde de esa primavera que no llega, sigue sin rumbo navegando en aguas turbulentas. En este domingo más de sensaciones desesperantes… y van unos cuantos.



