Esta UD Logroñés es una espiral de sensaciones, una montaña rusa, un sube y baja permanente.
Comenzó el partido con un primer tiempo negro en el que dispuso de la posesión. Suyo era el balón, pero para nada le servía esa posesión caracterizada por un ritmo cansino y asentada en el pase vertical. Porque era esa posesión, esa que deja una sensación amarga, esa donde las luces se apagan y el cortocircuito está a la orden del día, sobretodo en ataque y en elaboración. Posesión estéril al poder.
Sufrimos una primera parte en la que se mostró una UD Logroñés con poco empaque para sostener el pulso del fútbol directo, un equipo blandito en defensa defendiendo el balón parado o concediendo un metro al delantero de turno.
Sumó además la UD Logroñés a esta aciaga primera parte dos lesionados en treinta minutos, Errasti y Clemente. Nada salía de manera favorable.
El primer aviso lo protagonizó Marcelo, un corpulento defensa visitante, que cabeceaba a balón parado contra la meta defendida por Santamaría.
El Lugo, desde que lo entrena Nafti, concede muy poco en el Anxo Carro. No necesita elaborar, no requiere esa posesión tan mal gestionada en este fútbol moderno. Tiene corazón, garra y a «El Puma» José Luis Rodríguez que necesita muy poco para llevar el peligro al bando contrario; al que una falta por su perfil izquierdo o un metro le bastan para disparar contra Santamaría. Y así fue; seco, duro y a larga distancia. Era el minuto veinte cuando Santamaría se veía obligado a estirarse para parar el susto del Lugo. Respiramos. Salíamos vivos y aliviados.
Como vivo salió Santamaría, el equipo y su defensa cuando Appiah controló en línea de tres cuartos, se internó por dentro, levantó la cabeza y disparó contra el palo izquierdo de Santamaría. Ocasión de oro lucense, del llamado juego directo, del de no elaborar pero que ponía en serios apuros a una desconocida o conocida versión de la UD Logroñés. Una versión del ojalá nada pase; pero en la que pasaba, en la que se sufría en exceso.
Para colmo, a la media hora de partido se habían consumido dos ventanas de cambios por las ya mencionadas lesiones (Petcoff y Boadilla por los lesionados Errasti y Clemente). Pero se ganaba en posesión… cosas de este juego llamado fútbol.
El descanso era lo mejor que lo podía pasar a la UD Logroñés. Pintaban bastos en sensaciones aunque pintaban oros en posesión. Después de cuarenta y cinco minutos malos, el cero a cero era música celestial y el partido seguía abierto.
Sergio Rodríguez puso a Dani Pacheco en el campo en sustitución de Olaetxea. Quedaban cuarenta y cinco minutos de partido y la UD Logroñés acumulaba tres cambios. Se apostaba por el algo diferente y por el talento por banda derecha.
El segundo tiempo trajo otro escenario; otra UD Logroñés con más empaque, más poso, con las ideas más claras; desencorsetada y agresiva con balón y sin balón en un escenario nuevo transmitiendo sensaciones diferentes.
Iago López es un puñal, un jugador con muchas virtudes y con ese descaro para plantarse solo contra el guardameta. Y lo hizo. En la primera vez que se llegaba ante Cantero, éste, a la primera, arrollaba a Iago. Tras cincuenta y cuatro minutos sin tocar un balón, siendo un espectador más, Cantero cometía un penalti claro que Andy Rodríguez, con ese interior suyo, con ese toque tan sutil suyo, transformaba en gol. Era el cero a uno, era GOL, sí GOOOOOOL. GOL. Ese grito casi olvidado de un equipo era de nuevo nuestro grito quinientos treinta y cuatro minutos después. GOOOOOOOL. Y es que, desde el dos de enero, este equipo nos tenía huérfano de esa emoción de ese sentimiento de gol.
Seguía el Lugo con su guión de fútbol directo. Había recibido un golpe perfecto a la mandíbula. La primera aproximación con peligro visitante se había convertido en gol. Además, esta UD Logroñés era diferente a la somnolienta del primer tiempo. La nueva versión mordía, acariciaba el balón y arañaba.
Pero como casi todo en la vida, La nueva UD Logroñés no es perfecta. Concedió, no tiró bien el fuera de juego y a sus centrales le faltó contundencia ante un Manu Barreiro que controló, se acomodó el balón, lo bajó y fusiló a Santamaría poniendo el uno a uno en el marcador es el minuto sesenta y siete.
Sergio Rodríguez buscó, con el empate, una vuelta más de tuerca agotando las ventanas de los cambios. Metió a Sierra y Ander Vítoria al campo por los dos delanteros titulares, Leo Ruiz y David González.
Buscó una UD Logroñés diferente, más poblada en el centro del campo con el talento liberado de Andy, con la música de Dani Pacheco, con un fútbol más práctico y vistoso. Una UD Logroñés más cómoda, con un Lugo más agazapado, con el partido muy abierto y con más presencia en campo lucense cambiaba el escenario.
Mientras, el reloj corría y el partido aumentaba enteros de emocionante. Petcoff, en el ochenta y dos, estuvo muy listo en un balón colgado contra la portería defendida por Cantero; una ocasión muy clara en la que el balón se perdió un pelín desviado.
Quedando siete minutos para el final, Hugo Rama era expulsado por doble amarilla. Se abría el partido. Pero los partidos abiertos tienen eso; una contra, un balón al área y Manu Barreiro, a la media vuelta, intentaba sorprender a Santamaría. Y ya. Ahí acabaron las opciones de uno y otro.
Nafti quitó a Barreiro y pobló su centro del campo. Ahí, a falta de cinco minutos, se firmaron unas tablas en el marcador.
Con sensaciones positivas, sabiendo que este equipo tiene otro manera de jugar, vuelve a reencontrarse la UD Logroñés con el gol mientras sigue siendo penalizado con errores infantiles. Blanco y negro. Dos caras, dos versiones, un empate y treinta puntos en el casillero. Seguir, sumar, sonreír. Solo eso, UD Logroñés.



