Hay una frase muy taurina que resume muy bien el derbi entre la UD Logroñés y la SD Logroñés, «día de expectación, tarde de decepción». Ese es evidentemente mi estado de ánimo y mi lectura del derbi, si le preguntan a mi hermano y a sus amigos les dirán otras cosas. Esto es fútbol.
Mi hermano y sus amigos salieron contentos, muy contentos. Servidor, por contra, con la cabeza baja, mirada perdida y masticando una derrota sin paliativos; una dura derrota por el cómo, el dónde y el contra quién.
Mi equipo, la UD Logroñés, lo hizo horrible. Ni compitió, ni tiro entre los tres palos, ni dio ese arañazo en la espalda, ni… Solo dejó ese sin sabor del que va a por lana y sale trasquilado.
El partido solo tuvo un color, el negro; el color negro de la SD Logroñés y el ritmo que puso el trío del centro del campo. Arnedo, Javito y Albisua, ellos solitos marcaron el son que trabajó y dibujo Raúl Llona, el «técnico gana derbis». Con el trabajo y la intensidad por bandera, con esa humildad del que llaman patito feo que ayer fue un cisne blanco.
La UD Logroñés, a medida que pasaban los minutos, se diluía como esos cubitos de hielo en un calimocho barato; con un doble pivote que hacía aguas y unas bandas que no se aclimataron al partido.
Así transcurría el partido en el que la SD Logroñés dominaba la táctica, la intensidad y el esférico mientras la UD Logroñés corría detrás del balón sin ver el área contraria, de la que no había ni rastro y se esfumaba en balones largos sin destino.
Fue un derbi diferente al que un servidor soñó y que vio como Cubero centró y Soberón remató de cabeza en el minuto cuarenta y tres poniendo el cero a uno a favor del fútbol popular.
De esta manera, los que vestían de negro silenciaron de un plumazo a Las Gaunas. Bueno, a todos no porque la esquina del fondo Norte estalló y celebró y mientras esa esquina de irreductibles aficionados del fútbol popular sonreía, se llegó al descanso.
Cero a uno y unas horribles sensaciones locales recorrían el estadio. Quedaba un mundo por delante, una parte entera y Mere Hermoso quería cambiar la dinámica. Con ese fin introdujo a Medina al campo por Tekio. Mere quería que su equipo fuera muy largo por banda derecha. Le quería, sí; pero no lo consiguió.
Práctica, pragmática, intensa. La SD Logroñés mandaba con y sin balón mientras que la UD Logroñés, como aquel mal calimocho barato sin hielos, era insípida, muy insípida. Y perdida, sí, perdida en la tela de araña que planteó Raúl Llona.
Los minutos pasaban. Miraba a mi derecha, el reloj corría lento y no pasaba nada. Sin noticias de Jero que sólo protagonizó un choque con Guarrotxena que la grada protestó. Era lo que quedaba, nada. Un conjunto vacío de cara a la portería contraria.
Daba igual que Mere cambiará piezas tras una hora de partido y Sierra y Borja Galán tomaron el testigo de Iñaki y Castellano. Nada, la más absoluta de las nadas por parte local.
Daba igual que Siddiki saliera por David Ramos porque la UD Logroñés fue un equipo sin enchufe, decepcionante, en un derbi que solo tuvo un color, el rojo y blanco de la SD Logroñés que esa tarde vestía de negro, esa del fútbol popular.



