Calahorra y toros. Regresaba la feria taurina a la ciudad de los Santos y el público a la plaza calagurritana. “¿Cómo ha ido esto?”. De vuelta a casa repasas las notas tomadas durante el festejo que ha abierto esta tarde la feria taurina de Calahorra. Las repasas mientras tus pasos precipitados sobre el asfalto mojado por la fuerte tromba de agua caída mientras se lidiaba el último toro de la tarde te conducen a la oficina.
Siete orejas. Siete. Sin embargo, no tienes la sensación de haber visto un espectáculo de esa magnitud. Y frenas. Y cierras el bloc de notas. ¿Qué ha pasado entonces?

Pues pasó lo que tantas veces en años anteriores ocurrió en el coso calagurritano pero en esta ocasión con menor mesura. Orejas para aquí, orejas para allí. Y otra más. Aplausos. Miradas al tendido. Y un gritito aquí. Un gritito allí buscando mayor complicidad. Vueltas al ruedo. Y aplausos. Y más aplausos. “Si esto… ¡si esto no hace afición!”
Seguro que alguno pensó que cuando alguien leyera que el primer festejo se había resuelto con siete orejas esto animaría a que más espectadores acudieran a una plaza que hoy mostraba una pauperrima entrada con menos de media plaza.
Nada más lejos de la realidad. Cosas como las vistas hoy en la plaza de Calahorra hacen que muchos terminen de alejarse de la tauromaquia. Y ojo que esta expresión artística no está como para ponerse a regalar espectadores.

Esaú Fernández y Gonzalo Caballero abrieron la puerta grande con tres orejas (ole ahí) cada uno. No tuvo tanta fortuna Sergio Domínguez, que falló con los aceros lo que sus compañeros de terna acertaron y tuvo que “conformarse” con una oreja y vuelta al ruedo.
Pues nada, el miércoles más, que ese día vienen ‘los toreros de la tele’. ¡Que no se diga que Calahorra no es generosa! Pues eso, el miércoles más y mejor.






