La directora general de Cultura, Ana Zabalegui, ha participado esta tarde en el Museo de La Rioja en el acto de inauguración de la muestra ‘Pintar la Vida’, un recorrido a los casi 50 años de carrera artística de la pintora riojana afincada en Madrid, Concha Garrote, y que estará abierta hasta el 1 de junio. Con esta muestra, por primera vez la obra de la artista se encuentra reunida en un espacio expositivo de su tierra natal y la de su familia, y con ella el Gobierno de La Rioja, a la vez, reivindica el trabajo de las mujeres riojanas en la pintura.
Con motivo del acto de inauguración, se ha podido disfrutar de unos minutos musicales a cargo de los hijos de la artista, Guillermo García Garrote, intérprete de cajón flamenco, y ‘El Indio’, batería del famoso grupo Vetusta Morla; que han estado acompañados por los músicos riojanos integrantes del grupo de rock Messura, Diego M. Continente y David Burgui Burgui. Esta actuación ha hecho de contexto y saludo a una exposición que recoge principalmente óleos, aunque también encontramos dibujos a carboncillo, obras experimentales sobre cartón, originales objetos decorados y sorprendentes pinturas circulares sobre parches de tambor de batería.
Concha Garrote
Concha Garrote Agost nació en Logroño, en 1949. Siendo aun muy pequeña sus padres se trasladan a Toledo y posteriormente a Madrid. Hija y nieta de maestras y maestros vocacionales durante la República y posteriormente durante la guerra en La Rioja y de un grandísimo lector, su padre, el ambiente cultural palpitaba en casa, hasta el punto de que los cuatro hijos -Concha y sus tres hermanos- tuvieron estudios superiores, algo poco habitual en la época.
A pesar de que sus padres dibujaban bien, ninguno de los dos vio la necesidad de darle una educación artística. Sin embargo, desde muy pequeña, ella dibujaba y mostraba un gran interés por las actividades plásticas. Su regalo favorito de reyes, así lo cuenta, era siempre material de pintura. Una de sus hermanas también tenía una gran afición por el dibujo, aunque no la desarrolló con posterioridad decantándose profesionalmente por la filosofía.
En el colegio sus mejores notas eran las de Dibujo, de tal modo que los profesores siempre la utilizaban para que el resto de alumnos entendieran la lección usando las representaciones gráficas que ella dibujaba en la pizarra y que los demás las copiaran. Aún así, recuerda, ningún profesor supo motivar ni potenciar su creatividad, ni la alentó a formarse plásticamente. Concha Garrote es, por tanto, una artista por decisión propia; una artista auténticamente vocacional.
También, desde su infancia, despliega una inusitada afición por la naturaleza, la jardinería y el huerto ya que su casa contaba con un terreno que ayudaba a su padre a cultivar. Su capacidad de observación bebe directamente de esta circunstancia porque, tal y como ella cuenta, «pasaba las horas sentada en el jardín y junto al arroyo cercano, dibujando las plantas y todo aquello que tenía delante». Esta actividad consistente en contemplar y dibujar desarrolló en ella una sensibilidad especial hacia todo lo que la rodeaba.
Sus estudios de bachillerato se decantaron por las ciencias y la biología, que eran los campos del conocimiento que más le atraían, desconociendo que existieran estudios superiores de artes. Será una compañera, conocedora de su inclinación y constante alusión a todo lo que tuviera que ver con la pintura y las exposiciones, la que le alerte de que su mejor opción era matricularse en Bellas Artes. Y así lo hizo. Abandonó la matricula de biología recién cumplimentada para anunciar a sus padres que se inscribiría en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
A la vez que preparaba el examen de ingreso a BBAA se matriculó en la especialidad de Dibujo Publicitario de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid (Escuela de Marqués de Cubas) graduándose dos años más tarde. Nada más aprobar el examen de Bellas Artes, contrae matrimonio y se traslada a vivir junto a su marido a Cartagena, lo que no le impedirá seguir con sus estudios a pesar de las dificultades geográficas.
Una vez más será su gran vocación quien la empuje a continuar con su carrera artística. Nada la detiene, ni los continuos viajes entre Cartagena y Madrid, ni sus dos embarazos, que la obligarán a presentarse a algunos exámenes con su hijo en brazos, ni las exposiciones que inaugurará mientras aún es estudiante. Nada será obstáculo para que ocho años después, en 1979 se licencie en la especialidad de Pintura.
Por el camino realizó decenas de talleres y cursos que completaron su formación, destacando los recibidos en la Escuela de Cerámica de Madrid, donde fue alumna del pintor Manuel Alcorlo (1935, Madrid), un hombre muy especial -leía poesía y tocaba el violín para sus alumnos-y que, como ella misma dice, «marcó profundamente mi sensibilidad y la forma de mirar el mundo como pintora». Otro profesor que influyó también en su trabajo fue el académico, Guillermo Vargas Ruiz (Sevilla, 1910-Madrid, 1990) de quien comprendió «la cualidad de sugerir por encima de la de describir». Su ansiedad por el conocimiento pictórico la llevaban a buscar información en los estudios de muchos artistas que visitaba, como el taller de Ginés Liébana Velasco (Torredonjimeno, 1921). Pero, a pesar de su extensa formación, su estilo personal se forjará de forma autodidacta a fuerza de pintar en soledad en sus diversos estudios.
A lo largo de su aprendizaje destaca su particular experimentación con el expresionismo, «antes siquiera -ella misma lo aclara- de saber que era un estilo artístico». Sus intereses siempre han tenido en cuenta la temática por encima de la técnica, alejándose premeditadamente en sus obras figurativas de cualquier factura realista en su representación; algo que provocó no pocas discusiones con sus profesores. A este respecto es importante reseñar la obra artística realizada durante sus años de residencia en Cartagena, donde le impactarán profundamente las desigualdades sociales, hecho este que marcará su obra pictórica; su mejor aliado a la hora de afrontar dichos cuadros serían los recursos propios de la pintura expresionista.
Pintores de referencia y formación
Entre los pintores de referencia que Concha Garrote nombra encontramos clásicos como Tiziano, Rembrandt o Goya; también cita a Cézanne, Schiele, Munch, Sorolla, Gutiérrez-Solana, Picasso, Kokoschka, Kandinsky, Modigliani, Constant Permeke, Giacometti, Pancho Cossío, Antoni Clavé o Miquel Barceló. Pero no solo pintores o artistas, también apunta a los libros como parte de sus maestros, pues, debido a la crianza, se vio obligada a adquirir en su hogar parte de su formación académica, y fueron las publicaciones artísticas su singular escuela portátil. Su familia -siempre presente en su obra- también intervino en su desarrollo jugando la función de modelos académico-domésticos, supliendo así la imposibilidad de acudir diariamente al aula para poder dibujar los acostumbrados modelos profesionales de la academia.
Durante los años de formación se presenta a concursos y hace varias exposiciones. Actividades que se plantea como humildes objetivos con los que alcanzar sus metas y como motivación para continuar trabajando.
Inmediatamente después de licenciarse comienza a impartir clases de pintura. Encuentra en la docencia una forma de emanciparse económicamente y sufragar los materiales artísticos que necesita. En estos inicios como profesora de pintura, serán sus amigos y conocidos de Cartagena quienes soliciten sus conocimientos para poder aprender a pintar puesto que, en aquella época, muy poca gente tenía oportunidad de cursar estudios artísticos en la ciudad. En este momento es importante señalar su paso como profesora por la Universidad Popular de Cartagena -primera institución de estas características en toda España y fundada por Carmen Conde-, donde se relacionó con un alumnado plural de muy diversa índole y edades.
Sus alumnos la consideraban muy buena profesora y el disfrute que ella sentía al enseñar era aún mayor. Cuando regresa a Madrid continua ejerciendo la docencia artística, primero en su propia buhardilla y en centros culturales; después en unos barracones en Tres Cantos que acabarían siendo la Casa de Cultura. Finalmente, en 1992, abrió su propia academia, Artestudio, en la que ejercía la docencia del dibujo y la pintura para adultos, así como la preparación de alumnos para el examen de ingreso en BBAA, junto con talleres de creatividad para niños.
Una vez más, su fuerte vocación entra en escena para, a pesar de las múltiples horas que invierte en dirigir su propia academia y sus obligaciones como madre y esposa -teniendo incluso que negociar sus salidas para inaugurar– continuar su carrera artística. Durante estos años publica habitualmente ilustraciones y reproducciones de sus obras en importantes revistas culturales y prensa generalista. Su trabajo plástico es adquirido por entidades públicas y privadas, instituciones y colecciones tanto nacionales como internacionales y formará parte de exposiciones colectivas e individuales por toda España. Destaca entre ellas la realizada en Cartagena, titulada Paisaje humano en el año 82 y la realizada en Galería Abril, en los años ochenta, su primera muestra en Madrid. En los noventa, marcará un punto de inflexión su exposición Una mirada a tiempo, en la que recorre Tres Cantos descubriendo sus peculiares paisajes. Aquella fue una gran exposición con muy buenas críticas, como también lo fue El mundo, el demonio y la carne, en la Sala Picasso de Colmenar en el año 2001, donde el lino crudo y el collage, unido a sus propios intereses temáticos, abrirán la puerta a su siguiente etapa: la poesía como tema fundamental de su pintura.
En 2010 comienza un recorrido por esta pintura de poemas que le ocupará varios años y que expondrá en numerosas ocasiones. Lectora empedernida de este estilo literario y amiga de varios poetas, su reto era encontrar una forma de pintarla, hallando en lo abstracto, y tras multitud de obras de experimentación, un camino para continuar su obra artística. En estas obras el color, la composición y el ritmo son el objeto de su pintura.
Música
La música es otra de sus pasiones y será uno de los grandes temas de su posterior trabajo pictórico. Sus dos hijos se dedican profesionalmente a la música y uno de ellos le pide pintar el parche frontal del bombo de su batería. Esto dio pie, desde el año 2000, a toda una serie de obras circulares en las que se permitió probar cosas insólitas a las que no se hubiera atrevido en formatos cuadrados. En una primera época las canciones del grupo musical de su hijo, Vetusta Morla, servían de argumento a estas pinturas para, posteriormente, entrar de lleno en el terreno de la experimentación plástica. Esta aventura pictórica se ha mostrado en numerosas exposiciones desde el año 2010.
Tras la época abstracta comienza a trabajar sobre cartón, recuperando con ello la inmediatez, la espontaneidad, la rapidez del trazo y la pincelada. Temáticamente estas obras tienen como protagonistas a mujeres en busca de su movimiento: mujeres danzando, bailando o saltando. Con esta serie la artista ha regresado a la figuración que abandonó en su etapa académica.
Concha Garrote continúa trabajando. A lo largo de estos años su obra ha navegado técnicamente entre el dibujo, el óleo, las tintas, el acrílico y el collage; el expresionismo y la tragedia podrían definir estilísticamente su trabajo. Como soporte utiliza lienzos clásicos, pero también cartones y distintos objetos, incluidos los cajones flamencos que ha diseñado para otro de sus hijos, profesor de este instrumento. En cuanto a la temática, tal y como hemos señalado, encontramos modelos de lo doméstico: su marido e hijos; pero también seres imaginados, paisajes no convencionales, la música, la danza y, cómo no, la poesía. Su carrera, en definitiva, ha estado condicionada, como ella misma admite, por sus responsabilidades familiares y, claro está, por ser mujer: cuenta que, con motivo de una de sus exposiciones, dieron la enhorabuena a su marido -pensando que él era el pintor-, pasando el visitante, consciente de su error, del elogio al desprecio ante tal descubrimiento.





