Tras la sufrida victoria del pasado sábado, la UD Logroñés visitaba Anduva, ese estadio en el que los riojanos no habían logrado vencer en toda su historia, ante un equipo que fue, hace unas jornadas, víctima del Covid.
La UD Logroñés llegó al encuentro muy motivada y con una buena dinámica habiendo demostrado mucho en sus últimos partidos. La confianza de los burgaleses tampoco era menor. Y es que los de Miranda están realizando una buena temporada que ya deja de ser sorpresa.

A los cuatro minutos, la UD Logroñés protagonizaba la primera llegada del partido. Era Olaetxea la que se la ponía a Nano Mesa que buscó puerta aunque el remate se iba por pegado a la base del palo.
No tardó el Mirandés en dar la réplica y en obligar a Roberto Santamaría a protagonizar un extraordinario paradón a disparo de Cristo.

Cinco minutos después, en el 13, con los mismos protagonistas que en el minuto cuatro, Nano Mesa buscaba rematar un buen balón de Olaetxea.
El partido pareció calmarse durante unos instantes hasta que otra vez Nano Mesa, esta vez enganchando un buen balón de Paulino, volvió a buscar puerta.
Nano estaba siendo el protagonista del encuentro. Buscó en el 32 robarle el balón al meta local pero no lo logró. Por el contrario, despertó a Lizoain que, tras ello, fue erigiéndose paulatinamente en otro de los claros protagonistas del duelo.

Ocho minutos despuñes Paulino ganaba la línea de fondo y la ponía en el área. La buscó Iñaki y el balón terminó en córner. El partido estaba siendo realmente precioso.
Botó Iñaki el córner y lo cabeceó Bobadilla ajustado al larguero donde Raúl Lizoain tuvo que meter una mano salvadora otorgando otro córner a favor de los riojanos. Precioso.

Al borde del descanso, una falta botada por Iñaki ocasionaba el cabezazo a puerta de Álex López que Lizoain; sí, Lizoain; tuvo que atrapar en dos tiempos.
Ya en la segunda parte y otra vez a balón parado, en una de esas que mete Iñaki envenenadas buscando un compañero, a punto estuvo de marcar Andy desde el primer palo. La peinó, encontró puerta, pero la mano de un extraordinario Lizoain repelió ayudándose del larguero.
Después, en el 59, sentó Nano a su par con un recorte y se la dio a Paulino que no llegó al remate por poco. El árbitro indicó fuera de juego, pero el delantero cedido por el Cádiz demostraba sus ganas de marcar y su extraordinaria calidad.
Contestó Cristo, respondió Santamaría. El guardameta del equipo riojano no quería quedarse fuera de la fiesta y manteniéndose en pie, sin vencerse ante la llegada de del 9 del Mirandés, despejó el balón por encima del larguero.
Y en el 64 fue Paulino el que la luchó y se la llevó con mucha fe e intensidad ante cuatro oponentes. Y tras ello la cedió, entre las piernas de uno de ellos, a Olaetxea que a puerta vacía marcó el primer gol del partido. Era un gol de fe, de fortuna; pero también de confianza y de creer en que se puede. PORQUE SE PUEDE.

Y fruto de esa confianza por el juego desplegado y el resultado en el marcador, en el 73 los logroñeses protagonizaron una preciosista jugada que terminó con un disparo de Andy primero y otro de Iñaki después.
Tras ello, Iñaki de nuevo la ponía y Andy y Álex López amagaban sendos disparos que confundían al portero mientras el balón se estrellaba en el poste y el árbitro señalaba fuera de juego.

El Mirandés comenzaba a dar signos de cansancio, algo muy común tras un parón provocado por el Covid; pero sobre todo por el extraordinario esfuerzo y juego que habían tenido que desplegar ante una exultante UD Logroñés.
Uno y otro siguieron hasta el último segundo disputándose la victoria sin escatimar esfuerzos en ningún momento. Y el árbitro pitó y los rojiblancos, que hoy vestían de azul cielo de primavera, levantaron los brazos henchidos de felicidad y confianza. Y se abrazaron. De nuevo. Precioso.




