Igual a lo Villarroya se vive mejor
Villarroya, una de las localidades más pequeñas de España y la primera en cerrar las mesas electorales, lucha contra la despoblación y por seguir viva
Villarroya es uno de los municipios más pequeños de España, con solo cuatro habitantes, según el INE de 2024; ocho según su alcalde Salvador Pérez Abad. Once, incluso. Su acceso no es complejo. La carretera que conduce hasta el cruce que lleva a la localidad está perfectamente asfaltada. Además, desde el cruce, la distancia al municipio es de alrededor de solo un kilómetro, si llega.
El pequeño municipio de la comarca de Arnedo es una localidad que destruyó esa mina; esa que fue actiVIDAd económica de un municipio que llegó a alcanzar los 425 habitantes al comienzo del siglo XX; y que fue reconstruida, años después, a sí misma por las manos y el esfuerzo de sus propios vecinos y de sus corazones.

La localidad fue engullida por sí misma. Sus calles se comían a sí mismas, se venían abajo con peligro extremo de permanecer en ellas. Las galerías horadadas en su suelo bajo sus casas, se comían el municipio y la vida en ellas. Grietas en sus calles, en sus plazas, en sus casas.
Su alcalde nos cuenta cómo el gobernador civil decretó el desalojo forzoso de varias casas habitadas por el riesgo de que estas viviendas se vinieran abajo.
No eran las únicas en peligro y el miedo se apoderó de una localidad en el que la extracción desproporcionada e incontrolada de su mina, la mina Mari Pili, estuvo a punto de enterrar mientras la conducía a la práctica totalidad de su olvido por despoblación.

Pero Villarroya es el pueblo milagro. Un pueblo dirigido por un gran hombre, que se puso a las riendas del mismo que 26 años y que en ello prosigue 52 años después. «Entonces podía haberme ido a vivir a Logroño, pero decidí quedarme» nos cuenta contento de la decisión que hace 52 años tomó.
Se señala siempre como ejemplo de reconstrucción y trabajo comunitario. Y es que Villarroya se diferencia por esa reconstrucción social y por cómo sus antiguos vecinos se vuelcan constantemente con ella; tanto ayudando, participando en propuestas culturales o incluso con cuantiosas aportaciones económicas.
Salva habla con orgullo de cómo vecinos y amigos del municipio siempre se han volcado con la localidad y la han mantenido viva; sin darse cuanta de que el mayor orgullo del pueblo es él, esa figura silenciosa y trabajadora que ha mantenido y aunado, desde hace más de medio siglo, el espíritu de la localidad y el amor incondicional hacia ella.

Salva se encarga personalmente de todo, también de arreglar las calles, evitar que salgan malas hierbas, comprar y administrar los productos necesarios.
La brigada municipal es él. También es el guía cuando los visitantes decidimos acercarnos a conocer el municipio y molestar rompiendo su paz. Es el encargado de gestionar las cosas. De las compras, de los pagos. También de recibir el correo y acercarlo a los municipios. Es TODO. Y, ojo, sin haber cobrado nunca un céntimo de las arcas del municipio, señala muy orgulloso. El alcalde más longevo de España no ha querido nunca cobrar ni siquiera las indemnizaciones o dietas por desplazamientos.
Pasear por sus doce metros cuadrados, pues no tiene más, posee un encanto y una magia especial. Sus calles se aprecian limpias. Ni un papel, ni una marca de chicle en su asfalto, ni una colilla… Tal vez por el respeto que se tiene a esas calles que fueron asfaltadas por sus propios vecinos y los amigos del municipio.
Porque sí, fueron ellos mismos, sus vecinos y los amigos del municipio, los que con sus manos asfaltaron cada rincón, cada esquina, cada calle. Los dirigentes riojanos, entonces liderados por Pedro Sanz, creyeron que el municipio merecía presentar sus calles asfaltadas.
El Gobierno de La Rioja subvencionó su coste con un 75%. El municipio no disponía de ingresos suficientes para poder acometer ese otro 25%, pero sí tenía manos y ganas y las pusieron a disposición de la causa; dirigidos, eso sí, por técnicos especializados. Desde el primer momento, la propuesta fue recibida con agrado por los vecinos y los amigos del municipio que se prestaron a ayudar.
Ellos, en diferentes turnos durante los fines de semana, fueron los que, con sus manos, asfaltaron, nivelaron las calles e incluso realizaron diferentes dibujos ornamentales sobre su asfalto.
«Si en cada turno estaban designadas diez personas, ese fin de semana aparecían quince. Pero esos cinco voluntarios que habían venido de más, volvían a aparecer de nuevo también en el turno que se les había asignado», nos relata el máximo agradecido el mandatario villarroyano.

«Cada fin de semana, le tocaba el turno de colaborar a diez personas. Sin embargo, aparecían quince. Y esos que habían aparecido sin ser su turno, regresaban también en la semana que les tocaba». Tardaron cerca de nueve años y nunca desistieron.
Villarroya es, aunque luego muchos olviden su nombre, el pueblo del que todos han oído hablar. Han oído porque es el protagonista de cada una de las elecciones que se celebran en España.
Las elecciones son la oportunidad que tiene Villarroya de captar la atención y de que todos lo conozcan y conozcan sus necesidades. Veintiseis segundos, que es el récord de lo que tardaron la última vez en votar, es el tiempo que emplean en hacerse notar para poder dar altavoz a sus necesidades.

Sin embargo, este no es su único récord. Salvador Pérez es el alcalde más veterano de España. Nadie acumula tantos años al frente de un municipio, gobernando y gestionándolo como suma él.
Nos cuenta que ya no le asusta hablar con nadie ni presentarse en ninguna administración, regional o nacional. Después de más de medio siglo y de lo que ha conseguido, tal vez deban de ser los demás los que deben de sentirse abrumados cuando coinciden con él por todo lo logrado.

Las joyas de Villarroya son su prensa de vino, que durante muchos años dio vida a la localidad; el horno comunal, y, por supuesto su Iglesia de San Juan Bautista, que data del siglo XII y que fue reconstruida y abierta cuarenta años después de su cierre.
La iglesia, esa que el obispo Ramón se negó a restaurar porque decía que no merecía la pena por su escasa población, y que de nuevo fue la colaboración y el trabajo comunal de sus vecinos el que lo hicieron posible.
Con trabajos manuales y aportaciones dinerarias llegadas desde diferentes puntos de España, provenientes de antiguos vecinos, familiares y amigos de una localidad que palpita gracias a esa unión de tantos corazones buenos.

Si bien uno realizaba una aportación para restaurar el retablo mayor, las vidrieras, el tejado o incluso el reloj; otros se encargaban de hacer las vidrieras, pulir su suelo, empedrarlo o, incluso, dibujar con las piedras de su suelo con los mismos ornamentos que la Alhambra de Granada.
Además, los alrededores presentan unas vistas excepcionales y una reseñable riqueza ambiental. Sus antiguas neveras, sus campas de lavanda o su bosque de Carrascas en el que emerge imponente y orgullosa una encina especial declarada Árbol singular de La Rioja, una encina enclavada en una antigua dehesa y que cuenta con más de 450 años de edad, 11 m. de altura y un tronco de más de 1,70 m. de diámetro.
Tampoco podemos olvidar que fue en esta localidad donde se descubrió, como recuerda el panel ubicado en su plaza, uno de los yacimientos paleontológicos de grandes vertebrados más reseñables del mundo y que dataría del periodo Villafranquense.
Y, como una novedad, la bodega de Ana que tantas visitas atrae a la localidad en los últimos tiempos, una pequeña hecha con mucho gusto, aprovechando el caño antiguo picado por los tatatatatarabuelos en peña caliza. En ella se hace vinos rosados, blancos, tintos, espumosos e incluso vermú.
Y frente a Villarroya y en contraposición de esta, Turruncún. Ese municipio que no tuvo la misma suerte que la localidad de Salva y que desapareció en 1975, curiosamente diez años después de la construcción de una escuela que fue inaugurada; pero no pervivió por su merma poblacional.


A pesar de todo, el futuro de Villarroya es incierto, aunque si algo ha demostrado la localidad durante muchos años son sus ganas de mantenerse viva. De luchar contra las dificultades y salir adelante. DE VIVIR.
Cuenta desde hace poco con una casa de alojamiento rural que puede ayudar a darle vida, pero fijar población en la localidad parece bastante dificultoso.
Las gentes del pueblo se dedican prioritariamente a la actividad agraria y a la ganadería. Una excelente oportunidad para el municipio podría ser dotarla de una conexión digital estable que por el momento no existe.
En lo referente a servicios, uno de los mayores problemas de la localidad, aunque sus habitantes a penas lo perciben como tal, tal vez porque solo echamos en falta lo que estamos acostumbrados a tener; es que no existe manera de hacer compras directamente en la propia localidad.
No hay tiendas, no hay ni siquiera comercio ambulante que se acerque hasta Villarroya. Los habitantes del municipio realizan habitualmente las compras en otras localidades como Arnedo a donde aún se desplazan con sus vehículos personales.

Tampoco hay bar en el municipio. No lo hay desde hace años. En la entrevista que hace unas semanas le hacíamos a Chenoa, en la que nos narraba su experiencia tras cambiar la gran ciudad por un pequeño municipio rural, nos hablaba de la importancia vital que tiene la existencia de esta infraestructura en un pequeño pueblo.
«El bar es el sitio donde nos encontramos para vernos, para ver qué tal está cada uno, incluso para ver si falta uno. Es el lugar donde tú haces un poco el conteo de que todos estamos bien, que estamos», decía la cantante y ahora también presentadora. Es indudablemente también un lugar sociabilizador que puede actuar ante la soledad no deseada que, especialmente desde hace la pandemia, está haciendo estragos en todos los grupos de edad.
Tal vez, por ello, parece empeño del Gobierno de Gonzalo Capellán el dotar a los núcleos de población rural de centros de ocio y sociabilidad intergeneracional que bien podrán cubrir esas necesidades que Chenoa detallaba durante su entrevista.
También en el apartado servicios, Villarroya también perdió hace casi una década el servicio médico. Si bien antes había un médico que se desplazaba unas horas a la semana a la localidad, ahora todos ellos deben acudir a Muro de Agua.
Las consultas médicas se realizan allí un día a la semana. Este médico itinerante atiende también en las poblaciones de Bergasa, Muro de Aguas o Herce.
Ciertamente, nuestros pueblos pierden servicios, ven cómo sus infraestructuras se deterioran. Cómo el éxodo a la ciudad los va vaciando y no es fácil fijar población y luchar contra ello.
Mas también nos dan algo diferente, nos enseñan a vivir con el corazón más que con la razón. Nos dan paz, nos alejan del ruido, del tumulto, nos dan pausa y nos hacen más personas.
Y nos hacenvolver a sentir la magia y el encanto al recorrerlos e incluso volver a creer en los milagros.
¡Qué sé yo! Igual a lo Villarroya se vive mejor.
EL SITIO DE MI RECREO: «A Head Full Of Dreams» (Coldplay), la canción del día



