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Hasta (….) ASOBAL

El Club Balonmano Ciudad de Logroño abandona ASOBAL, pero podrá seguir disputando la competición liguera

 

Esta mañana se ha hecho oficial la noticia más comentada en los últimos días dentro de la esferas del Club Balonmano Ciudad de Logroño; la entidad riojana abandona, debido a sus discrepancias con el actual presidente Adolfo Aragonés, la Asociación de Clubes Españoles de Balonmano (ASOBAL), situación que sin embargo no repercute en el plano plenamente deportivo, pues el equipo podrá seguir disputando la competición liguera. Un comunicado que decía así:

«Informamos que, con efecto inmediato y pese a que seguiremos compitiendo en la máxima categoría, dejamos de pertenecer a la Asociación de Clubes de Balonmano (Asobal). Lo hacemos tras haberse alcanzado en asamblea general de la RFEBM el acuerdo de no obligatoriedad de pertenecer a la misma.

Separamos nuestros caminos en paz y sin deseo de más conflictos, esperando el mayor de los éxitos a todas las partes que componen la familia del balonmano.

Logroño, 1 de julio de 2020″.

Este malestar y desencuentro entre el club logroñés y la Asobal, al se han sumado más equipos, hasta siete -Logroño, Barcelona, Granollers, Huesca, Bidasoa, Anaitasuna y Benidorm-, ha tenido en acción a un tercer protagonista, la Real Federación Española de Balonmano (RFEBM), la misma que mantiene nula relación con Aragonés, y que el pasado 14 de junio eliminó la obligatoriedad de formar parte de la Asobal para competir en la liga, medida que hasta entonces estaba vigente desde el convenio firmado en 2018, y por la que la propia Asobal es posible que siga peleando, solicitando la intervención del Consejo Superior de Deportes.

Todo ello una disconformidades originadas en gran medida por la organización de la próxima temporada, en la que por primera vez habrá en liza, con los ascensos de Villa de Aranda y el BM Cisne, hasta 18 equipos. Una circunstancia que ocasionaba dos posturas bien diferentes en torno a la estructura de la liga: los partidarios -minoritarios- con la Federación a la cabeza de establecer una liga con dos grupos en la que lucharían por el ascenso los cuatro primeros de cada uno y por no descender los cinco últimos, y los inclinados en una competición de «todos contra todos», postura defendida por la Asobal y en la que se encontraba el Balonmano Logroño. Tras diversos debates y controversias fue esta última posición de dejar la liga como estaba, acompañada por el respaldo de gran cantidad de equipos, la que finalmente se llevó a cabo el 12 de junio.

Una resolución que, sin embargo, mantenía la tensión entre los clubes y los dos organismos, muy palpable desde que el pasado 7 marzo Adolfo Aragonés fuera reelegido, tan solo por un voto por encima de Jaume Conejero, como presidente de la Asobal, achacándole falta de transparencia, información y colaboración con los clubes pertenecientes a la asociación, como bien indicaba la carta que el pasado 28 de mayo firmaron los siete equipos anteriormente mencionados pidiendo su dimisión. Ante esta negativa, con una tirantez que iba in crecento, y tras la Asamblea General Extraordinaria de este lunes en la que Fernando Corral -en detrimento de Ricard Hijós- era elegido nuevo secretario general, decisión que no ha sentado bien en el seno riojano, el club logroñés junto al blaugrana han dado un paso más desvinculándose oficialmente de la Asobal. Una postura que ya contemplan otros clubes y que podría acabar finalmente con la asociación.

Llegados a esta situación, ambos clubes quieren que se les devuelva el canon -en torno a los 50.000 euros- que pagaron en su día por pertenecer a la asociación, si bien, los desencadenantes de la misma pueden ser varios: desde la perdida de los derechos de imagen, hasta la privación de los televisivos y el seguro de los jugadores. De esta forma, serían ahora los propios clubes los que negocien sus diferentes derechos y patrocinios; ¿mejor o peor? El tiempo lo dirá, pero hay que andarse con ojo, ninguno de ellos son temas banales. Lo que está claro es una cosa, la Asobal no es lo que era, con cada vez menos recursos, preponderancia y acción inmediata, la entidad ha ido poco a poco perdiendo peso, propiciando decisiones como la del Logroño o Barcelona que, aunque en cierta forma ya venían de lejos, la permanencia en el puesto de presidente de Aragonés ha precipitado y terminado de culminar.

Con todo, es obvio que no son buenos momentos para el balonmano nacional, un deporte, en su condición de no ser de los principales, ya vulnerable de por sí, y al que circunstancias como la actual lo único que hacen es empequeñecer y debilitar, más aún si a todo ello le sumamos la crisis provocada por el Covid. Es una verdadera pena que la falta de entendimiento, en algunos casos provocada por enemistades que no dejan de ser personales, predisponga situaciones tan ásperas que lo único que hacen es transmitir una sensación de debilidad, alejando al espectador de un deporte que si algo necesita es unión. A veces no es fácil, pero hay que intentarlo, pues esto parece que solo acaba de empezar.

 

 

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