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Griezmann se despide del fútbol español: «Gracias, Antoine»

Llevo días evitando escribir esto. Ni antes ni después, hasta este momento, he sido capaz de ponerme a escribir algo en la despedida de Griezmann del Metropolitano y del fútbol español, como si empezar a hacerlo fuera un punto final y no hacerlo fura a evitar su partida.

Como si quisiera detener el tiempo, como en esas pausas necesarias que Antoine Griezmann le daba al juego cuando este lo requería.

Ayer el Metropolitano se vistió de gala, como en las noches de las grandes finales rojiblancas. A pesar de que los colchoneros no se jugaban nada competitivamente, el estadio registró un lleno histórico para despedir a una leyenda, el mayor goleador histórico de la historia del Atlético de Madrid, y posiblemente también su mejor jugador de su historia.

El fútbol español pierde a un jugador que llegó desde Francia con 13 añitos al fútbol base de la Real Sociedad, gracias al ojeador Eric Olhats, y se hizo leyenda en el Atlético de Madrid, esculpido por la mano de Diego Pablo Simenone que terminó de poner los cimientos convirtiéndolo en un jugador total.

Antoine Griezmann ha sabido hacerse a sí mismo. Con su explosividad, su desparpajo, su inteligencia su visión de juego; su sutil toque de balón, cuando la jugada lo requería, o su potencia de golpeo, cuando había que quitar las telarañas de la meta rival. De puntillas.

Ayer el Metropolitano le decía adiós. Era su último baile en el Metropolitano; su casa, su pista de baile; y quiso disfrutar de todas sus notas, sin cambio, hasta el final. Gracias, Antoine.

Durante los 94 minutos que se jugaron; en cada instante en el que «el principito» se acercaba a la banda a recoger un balón, a sacar de esquina, a lo que fuera; el público le dedicaba una salve de aplausos de esos que ponen la piel de gallina.

Fue una tarde noche memorable en el que solo faltó el gol, aunque sí dejó una extraordinaria asistencia, de ese jugador que parece correr de puntillas para no despertar a las hadas.

Y llegó el final, el temido final; el de la despedida de un jugador que se ganó el corazón de los rojiblancos, lo hizo añicos después, pero volvió a reconquistarlo y de qué manera.

Parte ahora a la MLS mecido en el corazón atlético. «No he podido traer una Liga o una Champions, pero me vale más este cariño. Me lo llevaré para toda la vida», dijo el delantero ante esas 64.396 almas que permanecían en sus asientos sin moverse, con lágrimas en los ojjos, acompañando a Griezmann en su adiós.

En su despedida volvió a pedir perdón. «Sé que muchos lo hicieron y algunos todavía no lo han hecho: te pido perdón otra vez. No me di cuenta del cariño que tenía aquí, era muy joven y nada, hice un error y volví a recapacitar e hicimos todo para volver a disfrutar aquí de nuevo».

Pero no quiso irse

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