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ENTREVISTA A FUNAMBULISTA: “La música al final es una compañía, es una ayuda, es algo que sirve”.

Diego Cantero, nombre real de Funambulista, lleva veintiséis años en la música y algo tiene claro: ”En mi carrera musical no me he saltado ningún peldaño y ya no quiera casi que nada ocurra de golpe”.

El próximo 28 de agosto Funambulista visitará Calahorra, un artista que lleva sobre los escenarios veintiséis años. Antes, durante una década, se presentaba como Diego Cantero.

“Funambulistas no es más que un pequeño escudo para vivir un poco más tranquilo”.

Hace dieciséis años nació Funambulista, sin “s”, para presentar el proyecto musical de Cantero.

“El nombre Funambulista hace que la gente no termine de tener claro si somos una banda, si soy un solista y esa dicotomía me resulta cómoda. Además, tengo claro que, aunque yo haga las canciones, somos todos las que nos interpretamos. Tengo una banda con la que me subo al escenario habitualmente y quizás llamarme por mi nombre era algo demasiado irreal”.

Diego es un tío cercano, humilde a pesar de ser uno de los grandes cantautores y autores de la música española. Artesano de canciones, arquitecto de sentimientos.

“A mí lo que me gusta es hacer canciones, cantarlas, contarlas, componer…”

 

Funambulista llegará a la capital de La Rioja Baja en un momento muy dulce de la gira y eso seguro que lo trasmitirá en su directo. “Esta gira de verano es como el momento perfecto para ver a la banda, porque llevamos una cantidad de conciertos lo suficientemente relevantes como para que todo esté perfectamente engranado, pero no tantos como para que ya nos suene rutinario”.

Antes de su visita a Calahorra hemos podido charlas unos minutos con él desde los Pirineos donde el artista se encontraba dándose un respiro.. Ha sido más de media hora; aunque ciertamente, podría quedarme horas escuchándole hablar, mecida por sus palabras, por su conocimiento, por su forma de entender la música, por su forma de afrontar y vivir la vida.

Todo un placer

 

Funambulista al final evoca ese mantenerse en el equilibrio, en la cuerda floja.   En este tiempo, ¿Cuál ha sido el mayor reto para no caerse en la industria musical actual? 

Yo creo que al final uno acaba encontrando el equilibrio o, ¿Como decirlo?  La normalidad dentro de este oficio.

Después de muchos años uno sabe que hay etapas en las cuales está de gira, otras etapas en las que estás escribiendo canciones. Que hay momentos en los que parece que todo para y momentos en los que parece que no te da la vida para tanto.   Pero entre todo eso acabas promediando y acabas equilibrando porque es un oficio que tiene estas características.

 

El artista cumplió el año pasado sus bodas de plata encima de las tablas. Lo ha hecho, afirma, con una carrera “en la que nada pasó de golpe y esto también es una suerte precisamente porque te da tiempo de ver y disfrutar de cada uno de los pasos y ser muy consciente del presente”.

 

Una vez escuché una frase que dice.: “nunca estuve de moda, nunca me pasé de moda”,  y esto es un poco lo que me ha ocurrido”.  Esta frase puede aplicarse muy bien a lo que ha sido esta trayectoria.

Han ido pasando cosas por el camino y yo he ido bregándolas. La verdad es que todo ha ido muy paulatinamente y no olvido el trabajo que cuesta meter a gente en una sala, en un escenario, en cualquier lugar.

Con lo cual creo no haberme saltado ningún peldaño gracias a esto ha hecho que a día de hoy pueda disfrutarlo y que ya no quiera casi que ocurra nada de golpe.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en la música y quién te lo dio? 

He tenido la suerte de hablar con muchos músicos, de conversar con muchísimos de ellos.  La música es un oficio que no tiene universidad, exámenes, libros.

Cada uno tiene su manera, su forma de cantar, de hacer canciones, de escribir, de llevar su carrera a todos los niveles.

Por ello, casi hemos ido creciendo a la vez y nos hemos ido cuidando los unos a los otros con pequeños detalles que nos ocurrían a cada uno.

 

¿En todos estos años, con que te has encontrado? ¿Con más de esas ballenas azules, con más de esos unicornios negros que buscabas en uno de tus primeros éxitos (“Quiero que vuelvas”) o con más gilipollas de los que nos hablabas en uno de tus últimos single (“Sobran gilipollas”)

Tengo la suerte de que tengo un trabajo en el que no hay mucho gilipollas o no que yo me encuentre, ¿Sabes?

También porque uno va protegido con la banda, supongo. Además de ir escudado con la banda, tengo mi propio sello discográfico. Hago las cosas cuando quiero, trabajo los videoclips con quien me da la gana, produzco las canciones con quien me apetece.

Con ello, en ese camino voy eligiendo y, en ese elegir, uno trata de no cultivar mucho gilipollas a su alrededor.

 

Una pregunta muy parecida se la plantee a Rozalén y Siloé en sendas entrevistas que tuve el honorles a ambos. En la época de la música urbana,  de auto-tune, de consumo rápido de música, ¿Es fácil seguir viviendo creyendo en  la música?  ¿Aún te quedan ganas de seguir componiendo?

Sí, por supuesto.  Y me parece muy bien que exista toda la música. La música al final es una compañía, es una ayuda, es algo que sirve.

Y si la música, en cualquiera de sus formas, sirve a alguien para algo; ya sea acompañarlo en su soledad, en su fiesta, mientras cocina, mientras se ducha… ¿quién soy yo para decirle que no escuche en el auto-tune?   Al final es así, la música tiene el poder, el poder de transmitir.

Y luego hay algo que en lo que también solemos pecar mucho cuando cumplimos años y es el pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor o más correcto y actualmente también usamos muchas cosas que los que venían anteriormente nos dijeron que eran aberraciones, como usar de repente programas de edición en los cuales podías grabar tantas pistas como quisieras.

El uso de auto-tune es algo que todos usamos.  Usamos y no quiere decir que yo haga conciertos con el auto-tune porque no es así. Pero lo usamos de alguna manera; digamos que, para perfilar la voz, otros artistas que lo usan como un efecto estético; igual que nosotros podemos meter distorsión en la guitarra, usar sintetizadores…

Sin embargo, no es una música que a mí me llegue, no creo que sea el cliente de esas canciones, que sea el oyente de la música urbana; pero, bueno, puedo entenderlo.

Cuando veo a los chavales disfrutando de esa música, pues pienso que algo tendrá que yo no consigo entender.

 

 El estrés, el ritmo vertiginoso que es marca de la sociedad actual.  ¿Crees que queda tiempo, que todavía hay costumbre de detenerse a saborear las letras de una canción, a saborear un álbum?

Creo que todavía la canción como formato cabe en la actualidad. Un disco creo que no. Un disco creo, tristemente, que no.

Nadie tiene 40 minutos sin que ocurran 12 cosas por el camino.   Pero una canción sí puede impactarte. Una canción es un momento en el coche, es una casualidad, son apenas tres minutos.

Y ahí sí creo que hay una oportunidad de lanzar un mensaje, de que alguien escuche, de que alguien entienda de qué estás hablando.

Tristemente el disco no. Y yo me reconozco que yo he hecho muchos discos, me dedico a la música y me cuesta afrontar un disco de cualquiera de una manera continuada, aunque tenga la voluntad. Es cierto, pasan cosas y requerir 40 minutos o 50 minutos es tristemente mucho pedir.

También me pasa a la hora de hacer los discos que pienso que, cuando una canción la sitúo en el número 7, 8,  9, 10, 11 del trabajo, creo que estoy perjudicándola. Creo que no le estoy dando la misma oportunidad que ala canción que está en el 1,  en el 2, en el 3 hasta el 6, digamos. Entonces también me entristece.

También me hace pensar que el formato en sí, quizá la sociedad y cómo somos, tienes razón, quizás estamos hechos para escuchar canciones sueltas o un grupo de canciones muy pequeñas.

Yo en este último trabajo he optado por hacerlo en EP. A fin de cuentas, yo creo que seis canciones, siete, 25 minutos… puedo exigirle a alguien que preste atención, pero quizás más no. Yo también hago autocrítica, pienso en lo que a mí me ocurre.

Yo recuerdo comprar un disco, cogerlo y escucharlo tres veces seguidas. Y tocarlo. Leer sus letras, mirar sus fotos interiores, examinar su tipografía incluso, su acabado.

Es bonito que lo hayamos vivido, es bonito que lo hayamos vivido.

No sé si hay que vivir pensando que eso era lo correcto. Al final, los tiempos cambian y lo que hay que encontrar son las oportunidades para expresar lo que tú tienes en el formato en el que ahora se puede casi accesible. Pero es bonito que lo hayamos vivido.

 

 Casi ya me has contestado la siguiente pregunta. ¿La vida de antes, título de uno de tus temas más especiales, era mejor? 

La vida de antes era la vida de antes y para la memoria de los que la vivimos, evidentemente. Igual que para el chico de 15 años la vida de antes era la de hoy dentro de quince años.

La memoria es una maravilla porque decora perfectamente todos los recuerdos y los hace increíbles.

Yo creo que la música también hace que viva mucho de recuerdos de la adolescencia.  La primera vez que una letra me impactó igual tenía 15 años. Enamorándome la primera vez, yéndome con los amigos a una casa rural por primera vez y vivir tantas  cosas por primera vez. Y la música que te ocurre en ese momento es la que te marca el resto de la vida.

Así que sí, la vida de antes es lo mejor.

Para mí es el recuerdo del patio de mi abuela, de la gente tomando el fresco en la puerta de las casas… Esas cosas, sí; esas cosas.

 

Has colaborado con artistas de la talla de Rozalen, Dani Martín, Dani Fernández, Antonio Orozco, Leire Martínez, Andrés Suárez, Siloé, Inia Martínez, Gonzalo Hermida, Pablo Alboran, Vanesa Martín, Marwan… y muchos otros ¿con quién te falta hacerlo y con quién te gustaría hacerlo?

Me faltan muchos, pero yo siempre digo el mismo porque no va a ocurrir.  Para mí el mejor escritor de canciones de la historia se llama Joaquín Sabina y tuve la suerte de verlo retirarse después de haber visto todas sus giras.

Bueno, no sé ¿Me gustaría colaborar con él? No lo sé. Igual me gustaría llevarle un café un día a un estudio y colarme ahí,  sentarme en un sofá y estar ahí un rato.

Foto: @jsabinaoficial y @malditosartistas

 

Gira 180 grados disco 180 grados volumen 1 ¿Qué le falta al último trabajo para ser redondo? 

Las canciones que  están por salir. Quedan unas cuantas canciones por salir.  No sé si dos, no sé si cuatro, no sé si seis. Estoy ahí pensando, las tengo hechas, las tengo grabadas.

No todo lo que grabo y produzco lo saco. Me tiene que vibrar, meses después, para que pueda ser así, pero espero que antes de final de año tenerlo resuelto.

Creo que ha sido un viaje interesante, de cambio de muchas cosas y de manera de sonar, de manera de hacer canciones,  de gente con la que colaborar, con la que producir. Y creo que va a acabar con algo muy chulo, que es una canción que estamos rehaciendo,   dándole una vuelta bestial para precisamente escenificar este giro de 180º

Al final escribes canciones sobre lo que te pasa, el mundo real ¿Pero hay algo que todavía no te has atrevido a cantar?

Sí, varias cosas. Es muy difícil escribir a la gente a la que ya no está y que quieres con locura, hacerlo de la manera correcta.   Para mí un reto importante y siempre lo tengo ahí, siempre que cojo la guitarra lo intento y digo no, ya saldrá.

Hay temas de los cuales aún me cuesta mucho hablar.

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