Si abríamos el fin de semana musical con Javier Orodea, uno de los penúltimos guerreros del fútbol riojano de barro; hemos creído que debíamos cerrarlo con otra de esos jugadores míticos.
Por eso hoy en ActualidadRiojaBaja hemos querido dar voz desde nuestra sección «El sitio de vuestro recreo» al, genio y figura, jugador alfareño Mario León.
Mario León se ha decantado por la canción «Calle de la llorería» de Rayden, una decisión que el blanquillo motiva en que:
«Calle de la llorería» es una canción que habla de mirar siempre hacia adelante.
Esto es algo que yo en mi vida intento aplicar siempre, que cuando aparezca un problema no hay que perder el tiempo «llorando» si no buscar soluciones.
«El sitio de vuestro recreo», que nace de la sección original «El sitio de mi recreo», fue inaugurado a principios de enero por el Presidente del Gobierno de La Rioja. Tras ello, han pasado por este espacio autoridades como la Presidenta del Parlamento, la Delegada del Gobierno en La Rioja, la Rectora de la Universidad de La Rioja, el Consejero de Cultura, las alcaldesas de Calahorra, Haro Arnedo, Alfaro, y el alcalde de Foncea. También contamos con la vicepresidenta del Senado, Concha Andreu, y el también senador y calagurritano Luis Martínez Portillo.
Esta sección ha recogido de igual manera la voz de personas tan representativas como los vendimiadores, colectivos feministas, los representantes de las fiestas de Calahorra y Arnedo, el presidente de la Hermandad de las once cofradías de Logroño e incluso un concursante de récord de un programa televisivo de ámbito nacional y un repostero de lo más televisivo y surfero.

La canción ‘Calle de la llorería’, con la que Ryden intentó conquistar el Benidorm Fest en 2022, se presenta como una reflexión sobre los comportamientos sociales marcados por la queja constante y la falta de acción.
La pieza es una radiografía ácida de la sociedad actual y un ejercicio de higiene emocional. El término «llorería» —popularizado en redes sociales— se usa para mandar a alguien a quejarse a otro lado cuando sus lamentos se consideran injustificados o hipócritas.
El tema de Rayden aborda cuestiones como la hipocresía, la indecisión y la superficialidad desde una perspectiva crítica. A lo largo de él describe perfiles psicológicos específicos que evaden su responsabilidad personal.
Desde el que quiere jugar con fuego pero odia quemarse, el seco que pide que se mojen los demás hasta el «que vive del recuerdo y el presente le explota/ La cara le estalla por mirar su ombligo» o incluso al que padece el síndrome de Lucifer que son crueles porque alguien lo fue antes con ellos
A lo largo de la letra, el cantante utiliza una metáfora central: una calle simbólica a la que envía a quienes buscan compasión sin asumir responsabilidades. Este recurso sirve para cuestionar actitudes vinculadas a la nostalgia pasiva y la falta de compromiso emocional.
No falta una radiografía al mundo digital. A ello dedica la segunda estrofa. Al ofendido e inseguro, criticando a quienes usan las redes sociales para «despellejar» a otros como una armadura para ocultar sus propias inseguridades; al piel fina y lengua viperina y albuscador de «caso», ese que a necesita la validación y atención constante
El texto incorpora referencias como los “vendedores de humo”, en alusión a quienes prometen sin cumplir, o menciones a posturas ambiguas. Con ello, el artista pone el foco en la equidistancia y las medias tintas como rasgos habituales en determinados contextos sociales.
El uso de la ironía es otro de los elementos destacados. Frases como “esa penita no fue mía, yo ya la lloré” refuerzan el mensaje de distanciamiento frente a quienes buscan empatía sin haber afrontado sus propios problemas.
En el plano musical, Rayden mantiene su estilo característico, combinando rap y poesía. La canción se interpreta como una llamada a abandonar la queja constante y apostar por una actitud más activa.
«Calle de la Llorería» es un himno a la madurez emocional. A través de la ironía y un ritmo frenético, Rayden nos dice que el autorespeto también consiste en saber a quién cerrarle la puerta y dejar de ser el paño de lágrimas de quienes no quieren mejorar, sino solo llamar la atención.




