Hoy en ActualidadRiojaBaja hemos querido darle un espacio en «El sitio de mi recreo» a un artista que supo reinventarse en solitario, desde la disolución de su banda, para alcanzar una de las más altas cotas del panorama español.
La carrera de Fito, junto con Fitipaldis (Carlos Raya, Javier Alzola, Joserra Senperena, Alejandro Climent y Coki Giménez), ha estado siempre ligada al número uno de ventas y de artistas más queridos y destacados.
Desde que su primer disco, «A puerta cerrada», vio la luz, sus fans, los antiguos primeros y los que se incorporaron la legión que son hoy, lo convirtieron en un número uno de ventas.
Hoy, por ello, hemos querido elegir una canción de este artista hiperactivo; que siempre ha estado creando, tocando, haciendo música en uno u otro lado; y ecléctico, capaz de fusionar géneros como rock and roll, blues, soul, swing, pop rock, jazz latino, flamenco o tex-mex con total maestría. Hoy, por ello, nos hemos decantado por «Lo que sobra de mi».
La canción es parte de su álbum «Huyendo conmigo de mi» (octubre de 2014), frase que forma parte de la propia canción. El tema posee una extraordinaria profundidad. Es una canción sobre la autoaceptación y la lucha por ser auténtico en un mundo lleno de expectativas y distracciones.
Desde el primer verso, “Lo que sobra de mí” plantea un terreno de introspección: “Tuve que aprender de nuevo a respirar, de nuevo tuve que aprender”. Esa frase inicial ya desarma, porque el acto de respirar parece simple, pero aquí se vuelve metáfora de recomenzar tras un periodo de asfixia emocional o personal.
Fito nos invita en esta canción a reflexionar sobre nuestras propias vidas y las máscaras que llevamos, animándonos a buscar nuestra verdadera esencia.
La canción juega con imágenes potentes: la capa de Superman llena de agujeros, el yo infantil de Peter Pan que no sabe (o no quiere) crecer, la tormenta que viene “derechita hacia aquí”. Son símbolos de una crisis interna que no se subraya con dramatismo, sino con honestidad y distancia; más como confesión, que como exhibicionismo.
El estribillo ofrece el núcleo emocional: “Si me concedieras un deseo para hacerme feliz, me gustaría cortar todo lo que sobra de mí”. Aquí, la canción concentra su deseo de purga, de quitar de encima aquello que no aporta.
Musicalmente, el tema se mueve con la elegancia habitual de Fito & Fitipaldis: rock con influencias de blues, cierto aire sureño, guiños al rock clásico pero sin aspavientos. Hay momentos de calma, reflexión, que suben hacia pasajes donde la instrumentación se siente más incisiva, más directa, como cuando la tormenta ya se escucha. Esa progresión crea tensión y hace que la liberación del estribillo tenga peso.
En cuanto a la letra, lo que más destaca es la sinceridad de la voz narrativa: no promete soluciones fáciles, no regala frases hechas. Reconoce errores, reconoce huidas (“demasiado tiempo huyendo conmigo de mí”), reconoce una distancia emocional –entre “el cielo” y “nosotros”– no sólo física sino interior, personal. Y termina admitiendo que complicarse le resulta tan sencillo “igual que respirar”, lo cual lo vuelve paradójico pero también humano.
“Lo que sobra de mí” no es una canción triunfalista, pero tampoco resignada. Es una canción de reconocimiento, de abrir ventanas interiores para dejar salir lo que ya no sirve, para situarse ante la tormenta con honestidad.
Fito y Fitipaldis son Adolfo Cabrales, “Fito”, y su banda. Fito nació en Bilbao en 1966. Ya en su juventud formó parte de Platero y Tú, una banda de rock más directo, de guitarras crudas y letra urbana.
En 1998 crea Fito & Fitipaldis como un proyecto paralelo para esas canciones que no encajaban con el repertorio de Platero. En su inicio, Fito buscaba experimentar con géneros menos duros: acústica, blues, swing, influencias sureñas, ritmos más reposados.
Un rasgo central de Fito & Fitipaldis es la honestidad. Sus letras hablan de lo cotidiano, lo íntimo, de errores, de derrotas y de pequeños triunfos, sin necesidad de heroicidad fingida. Fito rara vez opta por la grandilocuencia, y cuando lo hace es para contrastar con esa base humana que lo sostiene.
Musicalmente, su fuerza está en esta capacidad de fusionar géneros pues su rock llega siempre con matices de blues, swing, rhythm & blues… además de arreglos cuidados.
Sus canciones se convierten habitualmente en himnos porque tocan emociones compartidas. Además, su carrera se caracteriza por giras grandes y presencia constante que lo ha llevado, en la era del auto tune, a ser un artista intergeneracional. Enorme el bilbaino y sus Fitipaldis.
