Día atípico, con un atípico horario, en el que todo fue extraño. El partido comenzó sin peligro en ninguna de las áreas y sin sensación de que nadie lo fuera a crear. El Real Unión tenía el balón pero nada más. A veces el CD Calahorra se lo quitaba; pero ya.
Ni una aproximación al área hasta que, en el minuto once, Jorge Martínez llegó y marcó el gol que adelantaba a los irundarras. Sin haberlo merecido se adelantaban los locales.
Dos minutos más tarde, sin haberlo merecido, marcaban los visitantes por mediación de Mario capelete y establecían un resultado más justo con lo que se estaba viendo sobre el terreno de juego. NADA.
Trece minutos; dos llegadas, una sobre cada área; dos goles.
Hubo que esperar cuatro minutos para volver a ver el balón en el área y, con ello, cantar gol. El CD Calahorra se adelantaba en el marcador gracias a un gol de bella factura. Jorge Martínez cedió de cabeza en al área pequeña el esférico buscando la llegada de Carlos Vicente y este no perdonó. La jugada había nacido de una buena combinación entre Zabaleta y Álex Arias.
Se llevaban diecisiete minutos y La Planilla había visto tres goles. Además, con muy poco, ganaban los suyos, ¿qué podía salir mal? Madrazo, además, a punto estuvo de lograr el tercero, pero su disparo se fue contra el lateral de la red.
El partido pareció calmarse por unos instantes. La táctica, pero también las imprecisiones se adueñaron del encuentro. Y en esto, en una falta lateral la ponía al área con música Oyarzun y de cabeza la mandaba pegada al palo Carlos Bravo. Era el 2-2. Con este resultado se llegó al descanso.
Tampoco en la segunda parte pasó demasiado aunque el Real Unión iba perdiendo efectivos a medida que transcurrían los minutos. Primero fue Carlos Bravo. Después Miguel Santos.
Esto obligó al entrenador del equipo irundarra a realizar cambios que variaban su planteamiento de partido. Pero tampoco esto hizo que el partido variara mucho.
Los riojanos siguieron sin ver puerta y los guipuzcoanos no lo lograron hasta el minuto 77. Eso sí, Julio Iricíbar tuvo que emplearse a fondo ante Pradera para evitar tener que volver a recoger el balón de dentro de la red.
Después, casi en el 80, buscó el gol olímpico Oyarzun. Los visitantes reclamaron el gol que el árbitro no apreció. Y así, con empate a dos en un insulso duelo aunque con muchos goles, se entraba en la recta final del encuentro.
Al CD Calahorra cada vez se le hacía más de noche y salvo la Crianza Rojilla, que nunca para de animar, el campo hacía ya mucho tiempo que había enmudecido y sólo sonaban, en algunos momentos, pequeños murmullos e incluso algún silbido.
Era prácticamente la crónica de una muerte anunciada que se materializó en el 85, tras una transición perfecta del Real Unión tras la que Capelete metía el esférico entre la defensa y Sergio Llamas batía con maestría a Iricíbar sobre su salida. 2-3 a cinco del final.
A dos de la conclusión el Real Unión puso el 2-4 para sentenciar el duelo. Esta vez era Pradera el que recogía en el área pequeña un balón suelto para convertir apuntillar a los riojanos.
Y así, en silencio, ya en plena noche, el público abandonó el campo.




