Viajaba la UD Logroñés a Barcelona con muchas bajas y un cuestionado Sergio Rodríguez a pesar de que el propio presidente de la entidad lo había ratificado hace unos días. No era el mejor desplazamiento ni el mejor rival al que enfrentarse en un momento tan complicado. No lo era y no lo fue.
La UD Logroñés nada pudo hacer ante un gran RCD Espanyol que marcó el ritmo, marcó el partido, también cuatro goles y decidió a qué se jugaba y cuándo. Nada qué decir.
En la previa RDT se caía de la convocatoria. Las cosas para la UD Logroñés empezaban bien. Hasta que rodó el balón. Porque en cuanto rodó el balón el RCD Espanyol se apoderó de él y de todo lo demás.
Durante los primeros minutos las llegadas locales se sucedían aunque sin la suficiente contundencia como para inquietar a la UD Logroñés.
Hasta el minutos seis, en el equipo catalán recuperaba un balón en las inmediaciones del centro del campo. Tras ello, una buena combinación propició que Melendo metiera un balón entre líneas al que llegó Pedrosa. Reacciono muy bien Miño y, con los pies, sacó el disparo enviándolo a córner.
Dos minutos después, un nuevo balón filtrado sobre Dimata volvía a tensionar a la afición riojana. El belga decidió no resolver y buscó apoyarse en Puado. Por suerte, Álex Pérez leyó la jugada y evitó la asistencia enviando el balón a córner.
La UD Logroñés respiraba. Había resuelto satisfactoriamente dos acometidas extraordinariamente claras de los pericos. Sacó las garras el equipo riojano y en el minuto 15 Andy buscó una vaselina. La UD Logroñés demostraba que sabía sufrir pero también podía hacer sufrir. Pero por unos instantes tan sólo. Todavía no sabía lo que se le venía encima.
Ya en el minuto 21, Puado cabeceaba un balón a media altura, fruto de un centro cerrado de Embarba, adelantándose a su par. Llegaba de esta espectacular manera el primero del equipo blanquiazul.
Tres minutos después llegaba el segundo. Embarba aprovechaba el pase de tacón de Melendo ante un Miño batido tras un primer disparo del propio Melendo.
Y como no hay dos sin tres, llegó el tercero. Segundos después, recuperaba un balón en línea de banda Embarba y lo cedía a mitad del campo de ataque, donde Adrián Pedrosa lo recogía y transformaba en un disparo raso, lejano, cruzado y duro que, tras botar delante de Miño, se alojó dentro de la red.
Cinco minutos, tres zarpazos, tres goles. Y miradas. Muchas miradas y pocas respuestas.
Pudo recortar diferencias la UD Logroñés en el 41. Ganaba la línea de fondo Paulino y se sacaba un gran centro. Midió mal Diego López y se vio superado por un esférico que Iñaki buscó en el área. Rápido reaccionó un defensa perico, que corrigió el error de su portero, echándose sobre el calagurritano al que impidió rematar con comodidad.
Bajó la intensidad el RCD Espanyol en la segunda parte y permitió un par de tímidas llegadas rojiblancas, aunque se seguía jugando a lo que los catalanes querían.
En el 67 Embarba buscó un disparo directo y lejano de falta ante el que Miño reaccionó en dos tiempos.
Intentó atacar el equipo logroñés y Dídac sacó un balón a la contra. Un pase largo rompía la línea defensiva en el centro del campo. Corrió Puado hacia meta, corrió Iñaki para interceptar a Puado; pero esta vez no pudo ser. Dimata recogió el pase del joven delantero canterano e hizo el cuarto de disparo cruzado.
Pues eso, a lo que el Espanyol quería.
En el minuto 80, un agarrón en su propio campo, propició la segunda tarjeta amarilla de Jaime Sierra. A perro flaco todos son pulgas y este está a las puertas de la inanición desde hace jornadas.
Fran Mérida y Dídac pudieron ampliar la diferencia pero el larguero y un gran Miño, a pesar de haber recibido cuatro goles, lo evitaron.
La semana que viene la UD Logroñés, que ya es decimosexta con un partido más que sus perseguidores, recibirá la visita del Mirandés en Las Gaunas. Un duelo bonito y de hermandad que el público soñaba repetir en Segunda desde hace unos años.
Pero antes de este partido, La UD Logroñés debe replantearse a qué quiere jugar, aclararse las ideas y buscar y poner un ritmo más a su juego si no quiere que el sueño se torne en pesadilla. Una pesadilla que cada vez es más real, está más cerca y amenaza con hacerse realidad.





