Victoria del Logroñés ante el Fabril por 2-1, con goles de Santana y Miguelete, en un partido de esos en los que el líder deja claro que, de momento, aquí no se baja nadie del carro.
Hubo novedades en el once. Pedre debutó para acompañar a Bolo en el centro de la defensa y Asenjo volvió a aparecer en la media punta, convirtiéndose ya en un fijo cuando toca jugar en casa.
Y el Logroñés salió como lo que es: local y líder. Mandón desde el principio, con ganas de llevar el partido a su terreno y ante un Fabril que llegaba en buena dinámica, pero que durante muchos minutos se vio claramente superado por los blanquirrojos.
A los diez minutos, el Logroñés ya había tenido dos ocasiones bastante claras. La sensación era esa de que el gol estaba más cerca de una portería que de la otra. En el minuto 15, además, llegó otro aviso: gol de Baselga que el VAR se encargó de anular por fuera de juego. Había que seguir insistiendo.
Y entonces llegó el fútbol, que a veces tiene estas cosas.
En el minuto 29, en el primer acercamiento con verdadero peligro del Dépor, penalti. El árbitro fue a verlo al VAR y, después de la visita, mantuvo su decisión. Ochoa no perdonó y puso el 0-1. Injusto, visto lo visto hasta ese momento.
Pero la reacción fue inmediata. El Logroñés no se vino abajo ni mucho menos. Morales obligó a lucirse al portero del Dépor y los locales siguieron buscando el empate con la tranquilidad de quien sabe que está haciendo las cosas bien.
Y en el 38 llegó la justicia.

Anai, en una de esas genialidades suyas que ya casi empiezan a parecer cosa normal, puso la magia. Baselga recogió el guante, asistió y Santana, esta vez sí, no perdonó a puerta vacía. 1-1 y vuelta a empezar.

El Logroñés siguió percutiendo hasta el descanso, aunque sin encontrar el segundo. El Fabril respiraba, pero tampoco parecía tener demasiados motivos para estar tranquilo.
Tras el paso por vestuarios, más de lo mismo. Mismo carácter, misma idea y, sobre todo, mismas ganas de mandar. El partido avanzaba con dominio local y con un Dépor que cada vez jugaba más al límite.
En el minuto 75, Miguelete se quedó a centímetros de poner el segundo. Balón al palo
Y tres minutos después llegó el premio.
Minuto 78. Falta, balón de Miguelete y fallo de la barrera. El resto ya se sabe. “Balones a MIGUELETE y que invente”. Libre directo y 2-1. Esta vez el balón sí quiso entrar.
El Logroñés no se conformó y siguió buscando el tercero, acumulando ocasiones y dejando claro que no quería sufrir más de la cuenta. Pero tampoco hizo falta.
Porque al final, en Logroño, el líder volvió a demostrar que también sabe manejar los tiempos cuando toca. Conducir el partido hasta el pitido final, controlar los nervios y sumar otros tres puntos.
Una semana más, el equipo, la afición y los aciertos desde el banquillo vuelven a sumar de tres.
Y es que este equipo pinta muy bien. Tiene hambre, se levanta de cualquier golpe, lucha, cree y, sobre todo, vence.

Ahora toca cambiar de escenario.
Siguiente parada: Lugo.





