EDF y la otra cara del triunfo
Desde Actualidad Rioja Baja queremos recalcar el papel histórico de las futbolistas riojanas en la competición copera
En lo que era una cita histórica para el futbol riojano, más aún, para el deporte de toda nuestra Comunidad, las chicas del EDF no consiguieron su objetivo ante el que es, sin ninguna duda, uno de los mejores equipos del continente, el FC Barcelona.
Más allá de esto, de no poder proclamarse campeonas de la Copa, a su vez primer y último cometido de las riojanas, más de veinticuatro horas después de lo acontecido, con un cuerpo y mente más en frío, creo que no deja de ser justo, cuanto menos destacable, el subrayar lo alcanzado -pese a no hacerlo en términos palpables y materiales- por el conjunto logroñés. Porque si me permitís, ayer no se perdió sino que no se consiguió la victoria, mejor dicho, una más -la guinda- sobre la que el EDF ya había conquistado antes del pitido inicial.
¿No perder pero no obtener la victoria en un choque que está destinado a tener un campeón? Tan contradictorio como polémico, sí. De hecho parece lo mismo, lo es si nos ponemos estrictos, aunque como todo según por donde se vea, dependiendo del uso que hagas de cada palabra en un partido donde, por las dinámicas y diferencias que traían cada uno de los equipos, el haber levantado la Copa hubiera sido más un premio, una consecuencia de lo ya logrado, que una causa del mismo.
De esta forma, estas líneas no están designadas para presentar la típica crónica de un partido, sino más bien a resaltar un choque hasta ahora inédito que el paso de los días lo único que hará, independientemente del resultado final que todos hubiéramos querido que fuera otro, las jugadoras las primeras, será prevalecer con orgullo en el tiempo como lo hizo, durante su disputa en la competición copera, la bandera riojana.
Y es que se intentó por todos los medios, con el desgaste físico y emocional que supone estar por detrás del balón durante casi la totalidad del encuentro y, aunque la cosa no iba por mal camino, un penalti algo riguroso a poco de terminar el primer acto, así como otro tanto -en lo que eran goles psicológicos- segundos después, terminó prácticamente de sentenciar las aspiraciones de un conjunto logroñés que planteó bien el choque.
Conscientes de la desventaja que siempre tienes al enfrentarte al Barcelona y, por consiguiente, sabiendo muy bien cuáles son tus limitaciones, una característica que no deja de ser una virtud en estos casos, las jugadoras entrenadas por Javier Moncayo decidieron encerrarse e incomodar a su rival con líneas muy juntas para, si era posible, salir a la contra de la mano de una Jade que tendría que lidiar con toda la zaga blaugrana.
Durante el partido las catalanas eran las que dominaban, manteniendo esa posesión que tan favorablemente les define como equipo, si bien, no conseguían tener -más de forma esporádica que con continuidad- ocasiones demasiadas claras ante unas defensas centrales -Inés y Marta Cazalla- que se mantenían fiables; y cuando lo lograban, era la portera mexicana Pamela Tajonar la que aparecía. El encuentro estaba donde, las que ayer jugaban de visitante, querían.
Un disposición táctica de 4-4-2 que, en tareas defensivas, se transformaba por muchos momentos en un 5-4-1, propiciaba que tanto Judith como Ida Guehai tuvieran que multiplicarse en funciones de contenencia pero que, sin embargo, propiciaba que las jugadoras del Barcelona no estuvieran todo lo cómodas que les gustaría. Así, las riojanas permitían, siempre que la ocasión lo requiriera, que las blaugranas avanzaran por el exterior del campo haciendo de menos los centros y acometidas barcelonistas en un centro muy poblado y seguro. Los minutos iban pasando, y con ellos una sensación de ilusión que cogía cada vez más fuerza; ¿por qué no?, pensábamos con entusiasmo todos los que estábamos siguiéndolo desde nuestras casas.
Hasta aquí -luego llegaría ese fatídico y controvertido penalti así como el resto de goles- el gran triunfo de las logroñesas, el hacernos soñar a todos los riojanos con que todo era posible. Un éxito que, y a pesar de no acabar de forma plena, se mantuvo una vez pitado el final, primero, y que perseverará en el tiempo en forma de un bonito a la vez que ilusionante -para futuras citas- recuerdo, segundo:
«Hubo una vez que en un mítico campo como la Rosaleda, el fútbol riojano compitió con orgullo en lo más alto». Desde aquí, bridamos un merecido aplauso para todas ellas.



