Hoy, como el año pasado, como cada vez que nos visita el CD Calahorra, habrá dos crónicas. La mía será descafeinada quizás en contenido, continente y título,; pero si les soy sincero esperaba más. Más pasión, más intensidad, más fútbol, más emoción e incluso goles.
Empezó el derbi pronto, con comida de hermandad y sobremesa. Debora a un lado, Maru a otro, un servidor habla, escucha y calla cuando le toca hacerlo, la conversación nada fútbolera o casi nada. Ellas son una la jefa de todo esto y la otra alguien que escribe muy bien del CD Calahorra.
Os aseguro que antes de un derbi todo es diferente. Yo el chico ese que mira altivo, mi equipo es el líder y se jugaba en Las Gaunas; motivos tenía para ello. Ellas ayer eran víctimas propicias para un vacile fútbolero, por eso hablamos solo de lo humano, lo divino y de nuestras cosas. A los tres nos brillaban los ojos, ese brillo especial, el de antes de la batalla; ese de antes de un partido de fútbol, un partido complicado. El CD Calahorra es nuestra bestia negra, jamás le vencimos ni en Copa, ni Liga. Ayer, el brillo de mis ojos era especial, quizás este año sí. Pero nada más lejos de la realidad, como dicen en Arnedo, autro año.
El partido especial, el partido esperado, para mi gusto dejó mucho que desear. El quiero y no puedo de unos, contra el conformismo de otro. Conclusión, un derbi atascado, un empate a cero triste desde mi prespastiva, un empate sosísimo sin ritmo, fútbol, ni goles; un empate otra vez, y van tres seguidos en casa, con ese gusto amargo del cero cero.
El partido empezó con ese miedo característico en estos partidos, sin claro dominador, líneas juntas y sin conceder nada. El balón era otro espectador más, nadie lo quería, nadie lo mimaba, nadie lo pedía.
José Ramón y Miño fueron los primeros protagonistas de este derbi; en el minuto 12 llegó el primer disparo visitante. La réplica la puso Olaetxea un minuto después. Después Ander Vitoria y sobre todo Ñoño, en un mano a mano con Roberto que solventó el portero calagurritano, ahí acabó la emoción en las porterías en este primer tiempo.
El partido entró en una dinámica de imprecisiones, de ritmo cansino. La UD Logroñés lenta, plana; el CD Calahorra ordenado con las líneas muy juntas. Los riojabajeños tampoco ponían picante, especulaban y se defendía a partes iguales, sacaban partido de ese poco ritmo local.
Kamal anulaba el sólito a la línea de creación logroñesa. Así pasaban los minutos sin generar peligro en las áreas, sin ocasiones, sin juego, sin fútbol. El descanso era lo mejor que podía pasar. El resultado visual del partido era una orquesta desafinada. 0-0 y a vestuarios.
Esa tónica no cambió en el segundo tiempo. La UD Logroñés no fluía, no creaba, no generaba; el CD Calahorra cómodo, no sufría. No pasaba nada, solo un cabezazo de Andy puso el» uy» en nuestras gargantas a la hora de partido de un derbi de bostezo prolongado.
Llegó el minuto 78. Miño y José Ramón como protagonistas, la ocasión más clara, el balón al espacio, José Ramón encara, mira a Miño, dispara, Miño para de forma magistral salvando a su equipo del gol en contra. Esa jugada despertó a la UD Logroñés que lo intentó en el fútbol directo, corners, faltas laterales,Caneda remata uno de esos corners, Roberto para de forma magistral, minuto 89,si, leyeron bien minuto 89,el primer disparo a puerta con intención de la UD Logroñés, antes disparo Ousama lo sacó la defensa, esa fue la pegada del líder, una pegada insuficiente, una pegada triste como este derbi atascado y descafeinado en las Gaunas.
El derbi de Débora Vizán | El derbi de Ángel Sedano


