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CRÓNICA: Una derrota, mil lecturas (Por Ángel Sedano)

Las derrotas duelen. Dicen que de todas se aprenden aunque, si les soy sincero, de las derrotas no se aprende nada, solo que tú equipo deja de sumar puntos. Da igual si es merecida o no, da igual el cómo, esto es fútbol. Un juego que nos engancha, que nos gusta, que nos arrebata el corazón cada día de partido. Un juego que gana el que mete un gol más que el rival y en el que da igual los méritos contraídos durante los noventa y muchos minutos que dura un partido. Da igual todo. Como casi siempre que se pierde la derrota es dura y despiadada.

El rival, el todo poderoso Leganés, otro de los cocos, otro de los llamados a estar en los puestos privilegiados de la categoría.

Las noticias, sin empezar el partido, no eran muy favorables. Miño lesionado dejaba su puesto a Yari, meta del promesas.

Yari, que debutaba en el fútbol profesional, a los cinco minutos protagonizaba un paradón a bocajarro que salvaba a su equipo del gol en contra ¡qué manera de debutar! Parada antología para comenzar.

A todo esto, el Leganés hacía ‘pupa’ con su presión alta a la salida del balón de la UD Logroñés. Se les veía más cómodos, manejando ese otro fútbol, un fútbol directo y físico, un fútbol muy intenso por su parte con el que la UD Logroñés no estaba cómoda.

De ese fútbol salió un centro lateral, una mano involuntaria de Andy, que revisada por el VAR se convirtió en un penalti tan injusto como claro. Borja Bastón lo ejecutó, cero a uno en el marcador, en el minuto 29.

Había que nadar a contra corriente con un enemigo muy serio que no concedía nada en lo físico. Táctico en ese otro fútbol, ese que no es muy apreciado de ver alejado del toque y la posesión; pero una versión más de este juego llamado fútbol.

La UD Logroñés lo intentaba. Olaetxea remató, Ruiz desvío y el balón, fuera del alcance de Cuéllar, no encontró puerta. Era ya el minuto 34.

Iban pasando los minutos y el partido se iba poniendo feo. Unos querían, otros defendían su ventaja con ese fútbol diferente de parar el juego, de parar el ímpetu local como fuera y que nada pasará. Ese otro fútbol tan feo, pero muy válido, con continuas interrupciones. Un codazo de Borja Bastón, una amarilla a Zelu por exceso de ímpetu. Para los visitantes todo valía con el fin de que nada pasara, de que el tiempo corriera, de que se llegara cero a uno al descanso.

Sergio Rodríguez dio entrada a Paulino por Errasti en el descanso. Se buscaba otra cosa sin cambiar el sistema.

Fútbol directo en esos primeros minutos del segundo tiempo. Córners, centros laterales y el Leganés erigiéndose en en infranqueable muro con peligro a la contra. Pero otra vez Yari paró y dejó con vida a sus compañeros, ¡qué manera de estrenarse! Era ya el minuto 49.

Sergio Rodríguez quería agitar el árbol y en el minuto 60 David González sustituía a Zelu. Dos delanteros en el campo. En ese golpe a golpe, Santos no estuvo fino y Yari tapaba bien el hueco.

Alex Pérez de cabeza, en el minuto sesenta y seis, avisaba de lo que iba a venir. Zafarrancho total, corazón, lucha y garra riojana. Centros laterales, un fútbol desencorsetado.

Andy, en el minuto setenta y dos, remataba en el área pequeña y Cuéllar paraba, de forma magistral, la ocasión más clara para los locales.

La UD Logroñés estaba desatada. No había táctica. Entró Rubén Martínez por Gorka y los logroñeses se quedaban con solo tres defensas en el campo. La idea era clara: IR A POR EL PARTIDO.

Siddiki la tuvo. Remató de cabeza pero por allí salió Omeruo despejando sobre la línea de gol en el minuto ochenta y seis. Incluso Sierra y Ander Vitoria se sumaron al equipo por Olaetxea y Ruiz. Se buscaba sumar un punto pero, por contra, se encontró una derrota del todo injusta por los méritos contraídos.

Otro día más la falta de gol y ese puntito de suerte dieron al traste con la capacidad de reacción, con la garra, con la lucha, en este juego llamado fútbol.

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