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CRÓNICA: Huérfanos de Sentimientos (El AD Alcorcón- UD Logroñés de Ángel Sedano)

En la previa al partido se hablaba de una final de Champions, de una cita importante. Y es que teníamos por delante un partido contra el último clasificado.

La UD Logroñés, asfixiada por los últimos resultados y por la imagen exhibida en anteriores citas con resultados negativos, con esa dinámica peligrosa de seis puntos de los últimos treinta y tres en disputa y con una sequía goleadora peligrosa; había marcado Santo Domingo y Alcorcón como ese pistoletazo de salida a una crisis de juego y resultados preocupante.

Así que, prestos y dispuestos, con una mini revolución en el once, se presentó el equipo dirigido por Sergio Rodríguez en Santo Domingo. Santamaría volvía a la portería de la UD Logroñés; Iago López, al carril zurdo en otra posición más descubierta para él; Medina, al lateral derecho; por delante, el trivote del equilibrio que tantas tardes de gloria dio y delante, Leonardo Ruiz y Nano Mesa con nuevo look.

¡A POR ELLOS! Pero la teoría es una cosa y la práctica es otra bien distinta.

El equipo empezó dubitativo como tantas otras veces, amasando la pelota, no concediendo nada, pero con poca elaboración, ese denominador común de muchos partidos de esta Segunda División.

Pronto, en el minuto dieciséis, Marc Gual avisó del peligro del cuadro alfarero, un equipo que tampoco necesitaba elaborar mucho para poner en peligro la meta de Santamaría. Su disparo, seco y duro, fue atajado por el meta navarro. Era el primer susto, ese que anticipaba el pequeño drama que no tardaría mucho en llegar.

Dos minutos después, unas manos de Álex Pérez provocaban un penalti tan claro como absurdo. Penalti…

Marc Gual no lo dudó, tomó carrerilla y disparó con determinación a la derecha de Santamaría. Gol y el uno a cero en el marcador. Pintaban bastos y tocaba resetearse. Tiempo había y ocasiones las hubo también.

La primera de estas ocasiones llegó en el minuto veintidós. Iago López ponía un centro al corazón del área pequeña donde Nano Mesa no estuvo fino atacando el balón y dejando la réplica en aguas de borraja y en un sonoro “uy”; pero solamente eso.

El reloj marcaba el paso del tiempo y la UD Logroñés lo intentaba de una forma básica, sin estridencias ni juego fluido, con más corazón que cabeza. Así llegó la ocasión de Leo Ruiz de cabeza que se fue desviado a la derecha de Dani Jiménez en el minuto treinta y siete.

El Alcorcón controlaba el partido y no asumía riesgos. El marcador y el tiempo iba a su favor y solo tenía que esperar un fallo, agazaparse aguardando un error forzado o una opción de contra de manual, de esas donde pillas al rival descolocado como la protagonizada por Xisco, aunque en esa ocasión su disparó se marchó por alto instantes antes de que el colegiado pitara el final del primer tiempo.

Sergio Rodríguez introdujo a Clemente al campo por Pablo Boadilla, quizás por haber sido amonestado, quizás por buscar otra salida con el balón desde la línea defensiva, quizás. La verdad es que el segundo tiempo trajo a otra UD Logroñés, a una UD Logroñés pisando más el campo rival, a una UD Logroñés con su sello de identidad; pero también con poco toque, pocas ideas y con un fútbol muy poco fluido y con los problemas que se ven cada domingo en un equipo desgastado y carente de muchas cosas.

En cualquier caso, la iniciativa era riojana. Paulino disparó a las manos de Dani Jiménez en el minuto cincuenta y cuatro.

El tiempo transcurría y Sergio Rodríguez buscaba una solución a los problemas. David González salió al campo por Errasti en el minuto sesenta y seis y con ello llegaba un cambio de sistema, en el que se asumían más riesgos acumulando a gente arriba. Pero nada. Ni un centro. Nada. No pasaba nada

En el minuto setenta y uno, Alex Pérez remató de cabeza y el balón se fue al travesaño. Y ahí, ahí, ahí se acababan las opciones. Ahí, con ese balón al travesaño, se iba un partido, una “final de Champions” para este equipo nuevo en esta categoría, en este fútbol de campanillas.

Daba igual que saliera Ander Vitoria en el minuto setenta y ocho por Leonardo Ruiz, daba igual que no se utilizara la última ventana de los cambios, daba igual que Arribas hiciera lucirse a Santamaría, daba igual. Este equipo nos deja huérfanos de sentimientos con una sequía goleadora y con una dinámica negativa que urge cambiar para no tener que lamentar una derrota más, amarga, como tantas otras.

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