Corría el segundo veinte en el cronómetro cuando Siddiki encara, llega a la frontal del área y cede el balón a Leo Ruiz que dispara. Vallés, el meta insular, a una mano ataja, el rechace que le cae a Leo Ruiz y otra vez Vallés despeja a córner. Qué manera de empezar un partido de fútbol, qué manera de presentarse en Las Palmas de Gran Canaria, qué manera no de perdonar, porqué el meta estuvo muy inspirado; qué manera de levantarnos del sillón con esa doble oportunidad. Qué manera de segundo veinte de cero a cero en el marcador.
Así comenzó ese partido, ese primer sorbito a la caña pedida y servida. Nada más servirla nos frotamos las manos, doble oportunidad en el primer sorbito. Pero esto es fútbol y noventa minutos son muy largos, noventa minutos implacables para un equipo recién ascendido que paga sus errores forzados y no forzados en forma de derrotas, otra más.
Zelu, en el minuto cuatro, siguió intentando agitar el árbol aunque su centro envenenado salió lamiendo el palo, otra vez. Otra oportunidad, un comienzo arrollador, descarados en ataque.
La otra Unión Deportiva, la de amarillo, la de Las Palmas, casi no había cogido el aire al partido. Le pilló de improvisto esa salida visitante. Necesitaba orden. La revuelta rival intensa, necesitaba ser aplacada y lo consiguió, con más corazón que cabeza, con un fútbol añejo para los eruditos de hoy en día, un fútbol casi caduco de balones colgados al área rival, de balones largos y al espacio, de alguna cazará.
El tiempo transcurría y el partido se había calmado. Poco fútbol pero bastante corazón en cada bando. Sin noticias de las áreas en un partido intenso en lo físico mas poco intenso en las áreas con sólo un no gol que el VAR quitó a la UD Las Palmas después de que el balón saliera por línea de fondo en un saque de esquina.
Lo mejor para la otra Unión Deportiva, la que viste de blanco y rojo, era llegar al descanso con ese cero a cero. La otra Unión Deportiva achuchaba y avisaba de su peligro. Por eso, había que aplacar los ánimos locales. Se necesitaba oxígeno y una pausa,
Y llegó con ese cero a cero el descanso, con ese 0-0 y ese lamento en nuestro interior por esas dos ocasiones que tuvimos para adelantarnos!, ¡que dos en el segundo veinte!
Tiempo de descanso, de mirar mensajes, de poner algún tweet que vean que somos entendidos en este juego llamado fútbol. Tiempo también para escuchar a amigos y amigas en esa mini tertulia del descanso. Turno incluso para otro sorbito de esa cerveza aparcada.
La segunda parte nos hizo ver al Zelu incisivo y desbordante que avisaba en el minuto 47.
Pero como que en todas las historias; tanto de amor como de fútbol, en las que existe un momento en el que no estás acertado ni afortunado; llegó un córner cedido por intentar jugar el balón, llegó un córner mal defendido, llegó un balón que cayó en las inmediaciones de Rober, un rival que dispara seco y raso, quien lo trasformó en un gol en contra. Uno a cero y otra vez esa falta de contundencia que te condena otra vez. Era el minuto 52.
Sergio Rodríguez hizo debutar a Paulino que salió por Errasti, en el minuto 59. Sergio introducía una cambio de sistema. Había que cambiar la dinámica del partido o intentarlo otra vez. La otra Unión Deportiva, la de amarillo, sin ser un lechado de virtudes ni con balón ni sin él, manejaba el partido e iba ganando, sin descomponerse mientras que el reloj y el resultado iba a su favor. En el minuto 75, Sergio volvía a meter hombres de refresco, hombre por hombre, Ander Vitoria por Leo, Iago López por Unai Medina.
Zelu, el mejor de los blanquirrojos sobre el césped buscó ese centro otra vez envenenado ante el que Valles respondió sin problemas en el minuto ochenta de partido. Dos minutos después fue Siddiki de cabeza… fuera.
Tocaba jugársela. Petcoff y Martín Lapeña jugador del filial al campo; Zelu, el mejor ayer, y un desdibujado Olaetxea al banquillo en el 85. Se buscaba la reacción, se buscaba ir a por el empate; aunque se buscaba en teoría porque, en la práctica, pasó que Araujo marcó un gol para los canarios. Era el dos a cero en el minuto 90. Otra vez los rivales estaban entonados en esa diferencia que hace al fútbol especial, la de no perdonar en las áreas, en ajusticiar al rival así, en forma de gol.
Minutos después, Andy, de penalti, en el minuto noventa y dos, maquilló una derrota dolorosa y justa. Y es que, otra vez, el equipo risueño, recién ascendido, pagó el peaje de la falta de contundencia en las áreas. Otra vez tocó palmar, esta vez en Las Palmas.




