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Arena en los bolsillos (El Bilbao Athletic- UD Logroñés de Ángel Sedano)

Lezama casi dos años después. Lezama, el lugar de los hechos. Lezama. Allí se gestó  la última derrota en Segunda B de esta UD Logroñés y también vestidos de azul, esta vez un azul más suavizado, la UD Logroñés cosechó un idéntico resultado y unas parejas sensaciones, esas sensaciones que dejan las derrotas sin paliativos.

En solo media hora, los cachorros aspirantes a Leones se comieron de tres bocados a la UD Logroñés. Media hora donde Diarra, Artola, Cabo y Urain desnudaron el entramado riojano.

El ritmo, la posesión del balón, las oportunidades del cuadro bilbaíno. Los jugadores riojanos estaban desbordados con un doble pivote que hizo aguas; un doble pivote sin equilibrio, sin posesión, corriendo siempre detrás del balón.

Una desdibujada UD Logroñés, un equipo desconocido que concedió mucho con hasta ocho jugadores detrás del balón mientras nadie encimaba a un Cabo que controló,  miró a Serantes y, desde muy lejos, puso el balón a la escuadra. Era el uno cero. La consecuencia al ritmo alto y las ganas de ganar.

 

El segundo gol fue muy parecido. Cabo controlaba y disparaba seco y raso contra un Serantes que paró de una manera tibia dejando un balón muerto  en el área pequeña en la que un Urain, más atento y más listo que los defensas, no desaprovechó la ocasión para hacer el cero a dos.

El tercer gol lo titularemos «aquí unos amigos de Logroño», con Urain encargándose y cargándose de toda la pasividad riojana. Era el  minuto treinta y seis y el encuentro ya iba tres a cero. Demasiada concesión y un partido encarrilado para unos cachorros que mueren, arañan y hacen pupa, mucha pupa.

El honor de la UD Logroñés tuvo que salir a escena, no se podía hacer todo mal. Calidad, hay; hambre y ganas, también; sobre todo en Dubasin que en un balón largo al espacio, cuando se disponía a chutar contra un hasta ese momento desconocido Aguirrezabala,  el extremo era trabado por Sillero que veía una roja de esas de manual en el minuto treinta y nueve.

Los cachorros se quedaban con uno menos. Todo lo reseñable del partido era rojiblanco. Los goles, la expulsión. Lo único de lo que no eran protagonistas era de las concesiones,  eso era para los que vestían de azul. Y así se llegó al descanso, con un tres cero en el marcador que dejaba el partido casi encarrilado para el cuadro bilbaíno.

En el descanso,  Mere Hermoso metía a Castellano al campo por un superado Sierra buscando dar un rumbo nuevo a este doble pivote riojano. Y el partido cambió, al menos de actitud.

El plan de la UD Logroñés cambió considerablemente «¡Sabino,  a mí el balón que los arrollo!» Lo que nunca sabremos es si esto fue propiciado por jugar con uno más, si por vergüenza torera o por las ganas de desquitarse de treinta minutos fatales en el primer tiempo; pero desde ese momento dieron la cara de una manera simple, con un fútbol directo, donde maná el corazón.

La UD Logroñés ponía  balones al área donde Tekio, Iñaki, Guarrotxena y Dubasin intentaban rematar mientras que las que no paraba Aguirrezabala las desviaba el poste. El caso es que los minutos pasaban y el asedio riojano se perdía por centímetros… y no sólo los de un nueve como Aridane, un tanque que puede vivir de esos centros al área.

Alfaro aparecía por dentro,  Aguirrezabala sacaba a relucir lo buen portero que era mientras que Mere Hermoso quemaba sus naves con  Borja Galan y Pinillos entrando al terreno de juegopor Andoni López y Herrando. Nueva  reconstrucción de sistema y equipo a la hora de partido.

Fue entonces cuando Dubasin remató a la red uno de esos centros para acortar distancias en el minuto sesenta y siete. Quedaba tiempo, se percibía la actitud y también Mere Hermoso quería más, mucho más.

Quedaban pocos minutos y nada más se podía perder. ¡Más madera! Oussana y Paolo entraban al campo. Aún quedaba un cuarto de hora por delante. Los cachorros se defendían, acumulaban gente en el área y ahora era Guarrotxena el que remataba a una madera en la que se extinguían todos los intentos de remontada.

Tocó perder en Lezama otra vez, otra vez. Otra vez el amargo sabor a derrota del llamado fútbol de barro.

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